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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 666

En ese momento, Santiago estaba hundido en el sillón suave de la habitación, con la mirada perdida y el pensamiento vagando sin rumbo. Sentía en la mano el peso del vaso de licor, hasta que de pronto alguien se lo quitó. Al alzar la vista, se topó de frente con el rostro de su abuela, quien lo miraba con una mezcla de decepción y coraje.

—Abuela… ¿por qué tú también me detienes? —preguntó, la voz arrastrada, casi suplicante.

La abuela apretó la mandíbula, frustrada. Sin decir una palabra, le jaló la oreja con fuerza y lo arrastró hacia la puerta.

—Bea todavía está en la casa, ¿y te atreves a beber aquí adentro? —le soltó, y acto seguido le dio un manotazo en la cabeza—. ¡Hoy sí te voy a hacer entrar en razón, muchacho!

El cuerpo de Santiago, desganado por el alcohol, se tambaleó, pero las palabras de la matriarca lograron atravesar la neblina de su mente.

Tenía razón… Bea seguía dormida ahí dentro.

Santiago tragó saliva, forzando la garganta, y dejó el bote de licor a un lado.

Solo entonces la abuela relajó un poco el entrecejo.

—Tienes que olvidarte de Sofía —dijo de pronto, cortante.

Santiago, que recién había logrado recobrar la calma, se quedó boquiabierto. La incredulidad se le notó en la mirada cuando encaró a su abuela.

—¿Qué? Abuela, ¿acaso tú no querías que yo y Bea nos reconciliáramos? ¿No te caía bien ella?

La abuela se giró para verlo de frente, sus ojos reflejando una mezcla de reproche y tristeza.

—¿No fuiste tú el que causó todo ese desastre? Ella no está dispuesta a perdonarte, y yo, como tu abuela, no puedo tapar todos tus errores. Si de veras ya decidió seguir adelante, tú también deberías dejar de aferrarte.

Suspiró, y su mirada se fue perdiendo hacia el interior de la casa, posándose sobre la cuna.

—Sofía sufrió mucho en su momento, y aun así fue capaz de educar tan bien a Bea. Le debes demasiado —sentenció, y luego le dio dos golpecitos fuertes en el pecho.

La abuela se acordó de la vez que la otra señora fue a visitarla, presumiendo a su nieta como si fuera lo mejor del mundo. Ella, pensando en el cariño que le tenía a Santiago y en que siempre había sido un chico solitario, accedió al compromiso sin saber todo lo que vendría después.

Sofía había cargado con tanto dolor. Cuando la abuela muriera, ni siquiera sabría cómo explicarle todo eso a la otra señora, allá en el más allá.

Santiago bajó la cabeza. El cabello desordenado le cubría parte de la frente y los ojos, y la pena lo hizo guardar silencio. Apretaba los puños, aferrándose al borde del pantalón, buscando fuerza para responder.

—Abuela… pero yo sí la amo de verdad.

La abuela arrugó el entrecejo. Al escuchar el temblor en la voz de su nieto, percibió el nudo que apenas pudo contener.

—¿Amor? —repitió, soltando una risa amarga—. Ya es demasiado tarde. Además, yo ya estoy vieja, no puedo meterme demasiado en tus asuntos. Si de veras quieres estrellarte con la misma piedra, allá tú… solo espero que no termines destruido.

Le hizo un ademán de rechazo con la mano:

—Mejor ve y descansa en otro cuarto, y mantente lejos de aquí. No quiero que termines armando un escándalo borracho y lastimando a Bea.

Capítulo 666 1

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