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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 556

—Ivana, debes saber que hoy tú misma acabaste con tu última oportunidad.

...

Mientras tanto, no solo el hospital era un hervidero de rumores; en la oficina del presidente del Grupo Cárdenas, también había novedades.

—Presidente Cárdenas, ya tenemos los resultados de la investigación. Además, el equipo terminó de restaurar las grabaciones de las cámaras que mandamos arreglar —anunció Jaime, golpeando la puerta con emoción contenida.

Al recibir el permiso de Santiago para entrar, Jaime casi corrió hasta quedar frente a su jefe.

Santiago dejó la pluma con la que firmaba unos papeles y alzó la vista. Jaime sostenía una pila de documentos gruesos, como si cargara el peso de un secreto largamente esperado.

—¿Y bien? —preguntó Santiago, con el ceño fruncido y las manos entrelazadas. Sus dedos se apretaban nerviosos, reflejando la tensión que lo atravesaba.

Jaime vaciló un momento, luego acercó los documentos para que Santiago pudiera verlos de cerca.

—Lo que ocurrió aquel año... la señora fue acusada injustamente —soltó Jaime, con la voz baja pero firme.

En cuanto pronunció esas palabras, Santiago apretó los puños tan fuerte que sus nudillos palidecieron.

—Dámelos.

Sin despegar apenas los labios, estiró la mano hacia Jaime.

Al abrir el expediente, lo primero que vio fueron capturas de las cámaras de seguridad, cuidadosamente seleccionadas por el equipo de investigaciones. En las imágenes, varias personas iban y venían por los pasillos, pero la figura de Sofía aparecía solo de paso, marcada con una tipografía diferente para resaltar su presencia: “La señora entró al archivo, tomó un expediente del caso de infracción que ella estaba gestionando y salió enseguida. No se llevó nada más”.

La persona que generaba mayor sospecha estaba señalada en rojo: Isidora.

Sacó su tableta y reprodujo un video.

A diferencia de las grabaciones anteriores, esta imagen era mucho más nítida.

En la pantalla se veía a Isidora junto a Rafael Garza en un rincón del Grupo Cárdenas. Sus cuerpos casi se tocaban, inclinaban la cabeza para hablar en voz baja. Nadie podía escuchar lo que decían, pero sus gestos eran elocuentes: después de intercambiar algo —un objeto pequeño, imposible de identificar—, se separaron.

Rafael llevaba cubrebocas y se subió sin llamar la atención a un carro lujoso estacionado a la orilla de la calle. Isidora, luego de mirar a todos lados, regresó a la compañía, caminando con cautela.

—Esto ocurrió un día antes de que acusaran a la señora de robar información confidencial de la empresa —explicó Jaime.

Santiago no podía apartar la vista del video. Cada segundo que pasaba, sentía que el mundo se le caía encima.

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