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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 463

Natalia esta vez lo acompañó hasta la puerta, aunque su tono seguía un poco incómodo.

—Natalia, ¿puedo venir más seguido? —La voz de Lucas sonaba tranquila, pero traía consigo un dejo de tristeza y súplica.

—Aquí no vendemos ropa para hombres —le contestó Natalia, rechazándolo de forma indirecta.

Pero Lucas no se dio por vencido.

—Mi mamá y mi tía sí pueden usar la ropa —insistió, como si no entendiera el rechazo.

Natalia se quedó callada un momento.

—Haz lo que quieras —terminó por decir, resignada.

Lucas curvó los labios con satisfacción; para él, aquello era un pequeño avance en su relación.

Sin embargo, lo que Lucas veía como progreso, para Zacarías no significaba nada.

Lucas le dio una patada a Zacarías.

—Ve a preguntarle a la tía de ella qué onda, cómo que siempre busca la manera de molestar a mi novia.

Zacarías se señaló a sí mismo con el dedo.

—¿Otra vez yo? ¿Cómo voy a saber eso?

—Si no sabes, pues averígualo —le soltó Lucas, sin darle opción.

Zacarías, que ya estaba acostumbrado a ser el mandadero de Lucas, no tuvo más remedio que ir a investigar.

Al rato, volvió con la información.

—Aquí está lo que averigüé. La tía de ella sí es algo aprovechada, pero no te preocupes, no creo que llegue a molestar tanto a tu novia. De hecho, Natalia es de las consentidas en su familia, así que nadie se mete con ella tan fácil.

A pesar de eso, Lucas no pudo evitar quejarse.

Antes no le importaba, pero ese día, la actitud de la tía en la tienda le pareció demasiado grosera.

...

Pasaron algunos días y Baltazar no dejaba de pensar en Lucas, en su local de bebidas y en la partida de ajedrez que había quedado inconclusa.

Lucas pasaba la mayor parte del día en el local.

Por eso, no le sorprendió cuando Baltazar volvió a visitarlo.

—Baltazar, otra vez viene a apoyarme con mi negocio —le dijo Lucas.

Baltazar sacó una tarjeta de membresía; Lucas no se la negó, porque sabía que si no le cobraba, el abuelo no volvería.

—Vamos, la partida de la otra vez, ¿no la arruinaste, verdad?

Lucas sonrió; había guardado el tablero y las piezas, todo limpio.

—Todavía me acuerdo cómo iba la partida, déjeme la armo igual que antes.

Baltazar tenía un poco de desilusión, pero al escucharlo, no pudo evitar pensar que el chico tenía buenos detalles.

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