Después de despedir a Mireya Gaviria, Natalia se quedó mirando la lista de bloqueados en su celular durante un buen rato, pensando si debía sacar a Lucas de ahí o no.
Al final, consideró que él había cuidado su negocio y, después de todo, bloquearlo parecía demasiado desalmado.
Liberó a Lucas por un minuto. De inmediato, él le mandó un simple punto.
[Natalia: .]
[Natalia: Gracias por presentarme a Mireya Gaviria.]
Se quedó observando la ventana de chat. Él estuvo dos minutos con el “escribiendo…” y, al final, solo le respondió con unas pocas palabras.
[Lucas: No hay problema.]
...
Las fotos de Mireya Gaviria en la alfombra roja se volvieron virales. Tanta gente preguntaba de qué marca era ese vestido de alta costura, que Mireya terminó diciendo a los medios quién los había diseñado.
Natalia, viendo a la estrella brillar con tanta naturalidad y elegancia en las noticias, sintió que la suerte por fin les sonreía.
Y sí, empezaron a llover pedidos.
Amanda sola ya no se daba abasto como diseñadora, así que contrataron a dos asistentes más.
Por fin, Natalia sentía que había logrado algo. Hasta el aire le sabía dulce.
Pero la paz duró poco. Pronto, la tienda recibió una visita inesperada.
Cuando el local estaba vacío y las ventas iban mal, su tía nunca perdía oportunidad de criticarla por lo bajo.
La mayoría de las veces, Natalia prefería no hacer caso.
Sus dos tíos siempre habían sido amables, pero su tía, además de tener la lengua filosa, no perdía chance de sacar provecho de cualquier situación.
Natalia nunca entendía por qué, si su tío sí le daba dinero, pero la mujer no podía evitar buscar algún beneficio extra.
Y ahí estaba, entrando a la tienda con dos o tres amigas, como si fueran bandoleras llegando al pueblo.
—Natalia, este vestido verde de noche le encanta a la señora Juárez —dijo su tía, señalando la prenda con aire de dueña.
—Y este dorado también está increíble, se ve carísimo puesto —añadió otra de las señoras.
—Y mira, este, este y ese de allá. Mejor empaca estos seis para nosotras —remató otra, mientras las demás asintieron.
Amanda y Natalia se miraron de reojo.
—Gracias a todas por su preferencia. ¿Van a pagar con tarjeta o efectivo? —preguntó Natalia, sonriendo.
De inmediato, la expresión de su tía cambió y se le notó el disgusto.
—Natalia, somos familia. ¿Cómo se te ocurre cobrarme?

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