Mauro soltó una risa baja.
—¿Ahora resulta que me comparas con esos tipos patanes?
—La última vez tú mismo dijiste que Verónica seguía soltera, que si conocía a alguien decente le ayudara a conseguir pareja —le recordó Carolina, con una media sonrisa.
—Sí, eso dije, ¿pero quién iba a imaginar que tan rápido encontraría a alguien?
Mauro entrecerró los ojos, mirando a Carolina con picardía.
—¿No será que anda con ese asistente que tenías antes?
El corazón de Carolina dio un brinco. Se incorporó del abrazo de Mauro, sorprendida.
—¿Por qué piensas eso?
—La última vez fue ella quien lo llevó a casa, ¿no lo recuerdas?
Carolina se quedó callada, procesando la idea. Por un buen rato no pudo reaccionar.
¡Cierto! ¿Por qué no se le había ocurrido antes?
Desde que Enzo se había ido a otra área, Carolina había dejado de prestarle atención al pasante. Pero ahora que lo pensaba, Enzo tenía justo el tipo de apariencia que le gustaba a Verónica: joven, carita tierna, ese aire de cachorrito que tanto le atraía. Por eso nunca le funcionaban las citas a ciegas con gente de su edad.
—Mañana mismo le pregunto, a ver si suelta algo —dijo Carolina, decidida.
—Ten cuidado —advirtió Mauro—. Ese muchacho no es buena persona. Antes intentó coquetearte, ¿ya lo olvidaste? Cuando vio que no le convenía, cambió de objetivo. Mira, acaba de salir de la universidad y ya quiere aprovecharse de todo. Seguro solo anda detrás del dinero.
—Pero tampoco vayas a decirle demasiado. Si te pasas de directa, capaz y hasta te deja de hablar. Mejor tantea el terreno y ya.
Carolina asintió, entendiendo los límites. Solo pensaba tantear, nada más.
...
No tuvo ni que intentarlo. Antes de poder averiguar nada, se topó con Verónica llorando a escondidas en la sala de café.
De inmediato la tomó del brazo y la llevó a una sala de juntas vacía.
—¿Qué te pasó, Verónica? ¿Todo bien? ¿Te hicieron algo?
Apenas la vio, Verónica se derrumbó. Se dejó caer sobre la mesa y se puso a llorar desconsolada.
—Carito —sollozó—, yo le compré cosas, y aun así terminó conmigo...
—¿Terminó contigo? ¿El nuevo novio? —Carolina se sorprendió—. ¿De quién hablas? ¿Es alguien de aquí?
Verónica se limpió las lágrimas, tratando de levantar la cara, pero la voz le salía temblorosa.
—¿Ya lo sabes, Carolina?
Los ojos de Carolina se apagaron, confirmando su sospecha.
—¿Es Enzo?


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Tío que Robó Mi Corazón