...
Mauro y Carolina regresaron a casa.
Mauro le apretó suavemente la mejilla a su esposa.
—Hoy te hice pasar un mal rato.
Carolina parpadeó y negó con la cabeza.
—Para nada. Justo ahora me llamó Tony, y la verdad, no esperaba que todo diera un giro tan rápido.
—Pero Marisol sí que tiene el corazón duro... ¿cómo pudo hacerle eso a un bebé? ¡No le tembló la mano!
La familia Loza había tenido suficiente drama por un buen rato.
...
Cuando Alexis y los otros dos llegaron a la estación de policía, Benjamín no los acompañó. Tomó unas pastillas para el corazón y se fue a dormir; sabía que si iba, solo se iba a molestar más.
Alexis miró al bebé que Tony tenía en brazos. Ya no le quedaban dudas.
Aunque el pequeño apenas tenía ocho meses, sus ojos, su nariz y su boca... se parecían tanto a Tony, casi como si fueran una copia.
Tadeo y Petra, al verlos, casi se infartaron del coraje.
Era oficial: la familia Loza había estado cuidando al hijo de otra persona durante ocho meses. Petra, en especial, pensó en todas las veces que voló a acompañar a Marisol durante el embarazo, y de solo recordarlo, sintió que se le iba el aire.
La hija que habían criado con tanto esmero, al final les había dado una traición que no tenía nombre. Y encima, ese hijo ni siquiera era de la familia.
—Vámonos —ordenó Alexis, con una expresión tan amarga como si acabara de morder un limón.
No quería ver ni un segundo más a ese niño.
No es que hubiera desarrollado un gran cariño por él, pero de solo pensar en Marisol y en toda la situación, el asco lo invadía.
Y como lo pensó, así lo hizo.
Se agachó justo fuera de la estación y vomitó durante un buen rato.
Petra tenía el enojo en la cara, especialmente al recordar cómo hace un rato había agarrado a Carolina para reclamarle, defendiendo a su hija con la seguridad de que jamás haría algo así.
Sentía ardor en las mejillas de la vergüenza.
Tadeo no pudo evitar soltar un suspiro. ¡Qué cosas más locas le había tocado vivir!
En toda su vida jamás imaginó pasar por algo así.
No podía dejar de pensar que, si al principio hubiese insistido en que su hijo se casara con Carolina, todo este lío jamás habría ocurrido.
Mauro ya no discutió, pero Carolina notó que las manos con las que conducía temblaban.
—Amor, mejor manejo yo.
—No, está bien.
Carolina puso su mano sobre la de él, que apretaba con fuerza el volante.
—En serio, amor, déjame manejar, tengo licencia.
—No estás en condiciones, y además es de noche.
—Bueno...
Carolina sabía que, aunque Mauro siempre parecía pelearse de broma con su papá, en el fondo le importaba mucho.
Si no fuera porque Petra insistió en venir a provocarlo hoy, y si Marisol no hubiera armado semejante escándalo, quizá Mauro habría buscado una manera menos dura de resolver todo esto.
No era por el qué dirán de Alexis, sino porque temía que su padre no soportara la noticia.
Mauro tenía el semblante sombrío, como si quisiera arrancarle la cabeza a Marisol.
¿Quién había decidido criar a esa hija adoptiva que solo trajo desgracias?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Tío que Robó Mi Corazón