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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 355

Tres días después, Alexis por fin volvió a ver a Carolina.

Había pasado un año desde la última vez y, para su sorpresa, Carolina parecía aún más radiante y segura de sí misma. Esa seguridad no era superficial, nacía desde lo más profundo de su ser y se reflejaba en cada uno de sus gestos.

Alexis bajó la mirada, intentando ocultar el fuego que le ardía en los ojos.

A pesar de su esfuerzo, Marisol se percató al instante.

Ambos apenas se saludaron con un asentimiento de cabeza, como si eso bastara para cumplir con el protocolo.

Carolina ni siquiera se molestó en dedicarle una mirada extra a Alexis. La verdad, si Benjamín no hubiera ido personalmente a invitarlos, ni ella ni Mauro habrían puesto un pie en esa casa.

A Mauro no le afectaba en lo más mínimo la incomodidad que flotaba en el ambiente. Con toda calma, fue sirviendo los platillos favoritos de su esposa.

Benjamín, curioso como siempre, preguntó:

—Mauro, ¿no que antes no te gustaba la ensalada de algas? ¿Ahora sí te late ese sabor?

El cambio repentino en sus gustos no pasó desapercibido para el patriarca de la familia.

Mauro tomó otra porción de algas con su tenedor y contestó con naturalidad:

—Sí, antes no me llamaba la atención, pero investigué y resulta que es buenísima para la salud. Además, dicen que comer esto ayuda a tener una hija.

Toda la familia se quedó muda...

El rostro de Carolina se tiñó de rojo hasta las orejas.

¡Por favor! ¿Cómo se le ocurre decir eso delante de tanta gente?

Si lo hubiera dicho solo frente a ella, todavía. Pero ¿por qué tenía que soltarlo justo cuando estaban todos reunidos, y además frente al jefe de la familia?

Mauro, viendo el rubor en las orejas de Carolina, le sonrió con picardía y luego comentó en voz baja:

—Papá, si sigues mirando así a mi esposa, la vas a poner nerviosa.

Benjamín rodó los ojos con fastidio.

Si ese chamaco no dijera esas cosas, nadie estaría mirando a Carolina.

Alexis, desde su sitio, contemplaba la escena entre Mauro y Carolina. Notó la complicidad y el cariño entre ellos, y no pudo evitar que su mirada se ensombreciera un poco.

¿En qué momento los ojos de Carolina dejaron de buscarlo a él?

Petra, sorprendida, intervino:

...

Después de la comida, cuando los hombres se fueron al despacho con el patriarca, Marisol finalmente tuvo la oportunidad de hablar a solas con Carolina.

—Carolina, me contaron que tú y mi cuñado están intentando tener un bebé. ¿Ya hay alguna novedad? —preguntó Marisol con una sonrisa fingida.

Sin el patriarca presente, Carolina perdió el interés en fingir cortesía.

—¿Y a ti qué te importa?

Carolina rodó los ojos.

—Ocúpate de tus propios asuntos y déjame tranquila. Si sigues metiéndote conmigo, mi cuñado te va a mandar lejos y no vas a tener chance de regresar.

—¡Tú...!

Marisol sintió cómo se le atoraba el coraje en el pecho.

—¿Por qué tienes que ser así conmigo? Sí, ya sé que te quité al hombre que te gustaba, pero Alexis nunca te amó.

—Puede que mi cuñado ahora te consienta mucho, pero todas sabemos que al final una mujer necesita tener un hijo. No le creas eso de que quiere una niña. Cuando de verdad tengas una hija, él va a buscar a otra que sí le dé un hijo varón.

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