El corazón de Petra se retorcía por dentro.
—Ya estuvo, lo que se había acordado antes, no lo vamos a olvidar solo porque ahora estés embarazada. Las cosas que hiciste, ahí siguen.
—Petra, tú eres tanto la madre adoptiva de Marisol como su suegra. Hay cosas que nosotros no podemos decir, pero ¿a poco tú tampoco te animas?
—Dile que deje de armarse historias. En la familia Loza no nos faltan hijos.
Las palabras “madre adoptiva” pesaron como plomo. Petra sintió un golpe en el pecho y, resignada, dejó de insistir.
—Sí, papá. Entiendo.
...
La comida se terminó en el aire, sin una pizca de alegría. Un silencio incómodo llenó la casa.
Mónica arrastró a su mejor amiga al jardín, caminando entre las plantas para alejarse de la tensión.
—Carito, ¿qué onda? ¿Viste que esa mujer sí que tiene suerte? El primo fue una sola vez y ¡zas, embarazada!
—Y justo así, en el primer intento, ya a las cuatro semanas lo detectaron. Está rarísimo, ¿no crees?
Mónica ya no soportaba a Marisol.
—La verdad, ni siquiera quiero que vaya a mi boda. Si regresa, luego a ver quién la saca de la casa otra vez.
Carolina tenía una corazonada: Marisol no aguantaría mucho tiempo en el extranjero.
Aunque Mauro se oponía con todas sus fuerzas, si ella decidía volver, ¿quién la detenía?
Ese pensamiento se lo guardó para sí.
—Moni, ¿y ya tienes tu vestido de novia o todavía no?
Mónica se sonrojó, bajando la mirada.
—Joel Huerta lo está eligiendo por mí.
Carolina la miró con picardía y media sonrisa.
—¿A poco? Si hace nada que no nos veíamos y ya se nota que hay onda entre ustedes.
—Ay, qué onda ni qué nada. Solo que Joel pidió que me hicieran unos vestidos a mano, justo como me gustan. Apenas están en diseño, pero... la verdad es que Joel no está nada mal.
Y no solo no estaba mal, se notaba que Joel sí sabía consentirla.
Carolina se fijó en el anillo con tremendo diamante en el dedo de Mónica y le lanzó una mirada traviesa.
—No está nada mal, ¿eh? Ese anillo cuesta mínimo unos cuantos millones de pesos.
—¡Ya, Carito! Mejor hablemos de otra cosa.
Mónica se puso aún más roja.
Negó con la cabeza.
—No, mejor lo dejamos para después. El año que viene me van a ascender y, la verdad, tener un hijo ahora me desajustaría todos los planes.
Si llegaba a embarazarse, todo su proyecto de vida se vendría abajo. Al menos durante tres años, quedaría fuera de juego.
Por eso, aunque Carolina no soportaba a Marisol, tenía que admitir que como esposa era el ejemplo perfecto de alguien que sólo quería depender de un hombre.
Mientras Marisol no la molestara, ella podía seguir con su vida tranquila.
Pero, ¿de verdad Marisol iba a dejarla en paz?
...
Mientras tanto, Marisol escuchó a su madre decirle que tendría que quedarse en el extranjero, por lo menos hasta que naciera el bebé. Sintió cómo el frío le invadía el pecho, como si todo se apagara a su alrededor.
—Marisol, espera, Alexis está feliz con la noticia de tu embarazo. Está aquí conmigo, te paso el teléfono.
Marisol tragó saliva, con el corazón encogido.
—Alexis...
—Marisol, no le des vueltas a las cosas. Debes cuidarte y estar tranquila. Lo más importante es que tú y el bebé estén bien. Cuando termine este proyecto que tengo, el mes que viene voy a verte, ¿sí?
—Te prometo que cada mes voy a viajar para estar contigo, ¿te parece?

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