Carolina tenía mucha curiosidad por escuchar qué clase de cosas sería capaz de inventar Estela para sembrar discordia.
Cuando Mauro se enteró de la visita, quiso acompañarla adentro, pero Carolina se lo negó con tranquilidad.
—Espérame aquí en la entrada, ¿sí? Créeme, no hay lugar más seguro que la comisaría.
Mauro dudó unos segundos, pero al final no insistió.
...
Pocos minutos después, Carolina se encontró frente a esa mujer que solía ser una dama elegante, pero ahora lucía como si hubieran pasado años sobre ella.
Estela mantenía el semblante sereno.
—Viniste.
Carolina arqueó una ceja.
—¿Para qué me buscaste? ¿Qué quieres decirme?
Estela soltó una sonrisa torcida.
—Eres muy lista. Si tu mamá hubiera tenido la mitad de tu inteligencia, jamás habría terminado así.
Soltó una risita amarga antes de continuar.
—Pero yo, igual que ella, fui una tonta. Ese tipo de hombres no valen la pena para confiarles la vida entera. Pablo lo sabe todo, está enterado de todo, nomás que nunca lo dice.
—Si no, ¿cómo crees que logré cambiar el medicamento de tu mamá?
Carolina apretó los puños con fuerza.
—¿Algo más que quieras confesar?
Estela, por supuesto, no iba a contarle todo su proceso criminal. Solo pretendía arrastrar a Carolina a su propio abismo de sufrimiento.
Pero al ver que el rostro de Carolina apenas se inmutaba, la rabia en su interior creció.
—La persona que más admiras y quieres, tu abuelita... esa anciana también lo sabía. Si no, ¿por qué crees que siempre te trató tan bien? Carolina, lo único que hizo fue buscar redimirse. ¿Lo entiendes?
Por fin, Carolina se alteró.
Sus ojos relampaguearon de furia.
—¡No te atrevas a hablar así de mi abuelita!
—¿Difamarla? —Estela soltó una carcajada—. Yo no estoy inventando nada. Esa anciana sabía perfectamente lo que ocurría, pero ni ella pudo frenarlo. ¿Tú crees que sería capaz de entregar a su propio hijo a la policía?
—Su consentido no eras tú, Carolina, sino ese hijo suyo. Lo que buscaba al tratarte bien era pagar su culpa.
De pronto, la duda mordió el corazón de Carolina. ¿Todo el cariño y la confianza de esa familia eran solo una mentira? Algo dentro de ella empezó a resquebrajarse poco a poco.
—Te lo dije, sigues siendo demasiado ingenua. Mírate, te peleaste con todos nosotros por defender a tu abuela, pero para ella, tú nunca fuiste lo más importante.
—¿Te trató mal? Mira, no dejes que nada de lo que diga te afecte. Si te buscó, fue solo para arruinarte el día...
No alcanzó a terminar la frase. Carolina, sin dudar, se lanzó a sus brazos buscando refugio.
Mauro la sostuvo fuerte.
—Aquí estoy, amor. No pasa nada, ¿sí? Todo va a estar bien.
Carolina solo quería aferrarse a la calidez más cercana. Si todo el afecto y la preocupación a su alrededor eran falsos, ¿acaso este abrazo también lo era?
Y aunque así fuera, al menos ahora era cálido.
Volvió a levantar la cabeza, con su mirada de siempre.
—Ya, estoy bien. Solo quiso usar a mi abuelita para provocarme.
Ya no podría preguntarle nada a quien no estaba, pero al menos los que seguían vivos tendrían que enfrentar sus culpas.
—Mauro, ¿puedo pedirte un último favor?
Mauro endureció la expresión.
—No es un favor, todo lo mío es tuyo.
—Entonces... acabemos con Sanabria Innovación. Que se vayan a la quiebra.

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