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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 277

Carolina miró a Mauro con curiosidad al notar su expresión seria.

—¿La conoces?

—No, no la conozco —respondió Mauro, sin mucha emoción.

Sin embargo, en el fondo ya tenía una ligera idea de por dónde investigar.

Después de todo, ninguna familia entregaría tan fácil cien millones como regalo. Y aunque dieran esa cantidad, jamás lo harían a escondidas.

Con la sospecha dando vueltas en su cabeza, Mauro soltó de repente:

—¿Cuándo vamos a ir a visitar la tumba de tu mamá? ¿Ya decidiste la fecha?

Carolina no pudo evitar sorprenderse. No esperaba que él fuera quien lo propusiera primero.

—¿Este sábado está bien? —preguntó con un poco de timidez.

Ese día descansaba, y además coincidía con el cumpleaños de su madre.

En este mundo, aparte de ella, ya casi nadie recordaba esa fecha.

—Perfecto, entonces el sábado —acordó Mauro.

...

Sergio volvió al hotel con un humor bastante agitado. Tomó el celular y llamó a Julián.

—¿Qué onda con ese Mauro? ¿Está bien de la cabeza? Le ofrecí invertir cincuenta mil millones y me bateó.

Julián guardó silencio unos segundos antes de contestar.

—¿Vas a invertir cincuenta mil millones en qué proyecto?

—En el resort ese nuevo que están construyendo allá por Selva Esmeralda —explicó Sergio, frustrado.

—Sergio, el Grupo Loza no está falto de dinero. Si llegas ofreciendo cincuenta mil millones, parece que vas a causar problemas, no que quieras invertir —le soltó Julián, directo.

Sergio se quedó sin palabras.

Lo único que quería era darle un poco de dinero a su sobrina y que la familia Loza supiera que su sobrina tenía quien la respaldara. No podían tratarla como quisieran, ¡alguien tenía que defenderla!

Resultaba más complicado de lo que pensaba.

Si lo hubiera sabido, ese día habría dejado los cincuenta mil millones como regalo y ya.

...

Mientras tanto, Mauro revisaba unos documentos, con la mirada perdida en sus pensamientos.

El tipo que en la mañana había soltado que quería invertir cincuenta mil millones, resultó ser el hermano mayor de su suegra, o sea, el tío de su esposa.

Cada aniversario, era su abuela quien la llevaba a ver a su madre. Pablo, después de aquel primer año, nunca más apareció.

Esa era la razón por la que Carolina guardaba tanto resentimiento hacia él.

Cuando su abuela envejeció, Carolina empezó a ir sola.

A veces pensaba que, si algún día ella ya no estaba, tal vez nadie recordaría a su madre.

Sus abuelos, tanto el paterno como la materna, se habían distanciado de su madre. Hacía años que no los veía. Ni siquiera sabía si seguían vivos.

O si aún se acordaban que alguna vez tuvieron una hija.

...

El caso de Estela volvió a complicarse. El abogado que la representaba canceló su defensa de un día para otro.

Pasaron quince días y ni un solo abogado se animó a tomar su caso.

Carolina sospechó que era cosa de Mauro. Cuando lo cuestionó, él no dijo mucho.

Aceptó en silencio el crédito de la buena acción; al final, el verdadero responsable ni siquiera quiso admitirlo.

Desde el centro de detención, Estela pidió ver a Carolina a través de la policía.

Carolina, intrigada, aceptó la solicitud.

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