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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 272

En ese momento, Zoe recordó que Carolina era su hermana, aunque solo compartían el mismo papá. Sin embargo, cuando discutían y se peleaban, jamás lo reconocía.

Pablo se veía acorralado.

—Zoe, siempre te la pasas peleando con tu hermana. Ustedes jamás se han llevado bien. Mejor ve y pídele de favor, igual y se apiada de tu madre.

—¿Yo, pedirle un favor? —Zoe negó con la cabeza, apretando los labios—. No pienso ir a rogarle a esa mujer.

—Papá, ella me detesta, y también odia a mi mamá. Si yo le pido algo, seguro que no sirve de nada.

—Papá, aunque fuera, ni sabes cómo me va a tratar. Capaz que hasta me humilla.

—No, papá, yo no voy a ir.

Si Estela hubiera estado presente y visto la mirada calculadora de su hija, se habría sentido aún más decepcionada.

No solo tenía un esposo sin corazón, sino también una hija desagradecida.

La verdad, el supuesto lazo de esa familia de tres nunca aguantó ni la primera prueba.

Padre e hija se quedaron en ese estira y afloja, ninguno cediendo, nadie dispuesto a dar el primer paso.

...

Por su lado, Carolina también recibió la llamada preocupada del mayor.

—Carolina, me enteré que metiste a tu madrastra en la cárcel.

Carolina seguía en el hospital, recibiendo suero.

—Sí, hermano, ella solita se lo buscó.

Hugo, después de la boda pasada, ya sabía que Carolina era la heredera de Sanabria Innovación.

En las familias ricas, siempre hay chismes y líos de todo tipo.

Él no preguntó mucho, solo le advirtió:

—Estela tiene conocidos en los juzgados, pero alguien dio la orden de que nadie le acepte el caso. Dicen que trajeron gente de afuera para ayudarla.

Carolina se sorprendió.

—¿Quién fue el que dio la orden?

Hugo soltó una risa socarrona.

—¿Quién más podría ser?

El sarcasmo se notaba en su voz.

A Carolina le vino a la mente el nombre sin pensarlo.

—¡Mauro!

Él otra vez la estaba respaldando desde las sombras.

Carolina imaginó el semblante serio de Mauro y apretó los labios.

Ese hombre siempre estaba ahí, apoyándola en silencio, sin pedirle nada, sin decirlo.

—Mauro, a veces eres demasiado duro con ellos. Este trimestre les fue bien.

Pero Mauro no tenía humor para hablar de trabajo, menos que menos para que alguien le dijera cómo manejar su empresa.

—¿Qué necesitas, hermano?

Tadeo se encogió de hombros.

—Solo quería platicar. Me enteré del escándalo con Carolina. ¿De verdad denunció a la esposa de Pablo?

—Se lo ganó solita —contestó Mauro, seco.

Tadeo negó, suspirando.

—Eso dicen, pero si fue Carolina la que la denunció, la gente va a empezar a hablar. Más aún cuando tú prohibiste que los abogados la defendieran.

Eso se veía demasiado obvio. Tadeo quería advertirle: hacer las cosas tan directo atraía problemas.

Pero Mauro ni se inmutó.

—¿Y qué si se nota? Si alguien intentara lastimar a Alexis, si quisieran dañarlo y encima quisieran perjudicar a tu esposa, ¿tú podrías quedarte de brazos cruzados?

Tadeo se quedó sin palabras.

—Si tú puedes hacerte el indiferente, pues te admiro. Pero yo no pienso quedarme callado.

—¿Ahora me vas a decir que me porte como tortuga ninja? —añadió Mauro, burlón.

Tadeo solo pudo reír, resignado. ¿Ahora también lo sacaban a él en la discusión?

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