Daven asintió, consciente de que ese era el momento que ella había estado esperando: su oportunidad de escuchar cada detalle sobre la tormenta que los había perseguido las últimas semanas. La siguió hasta la acogedora sala familiar, donde los sofás esponjosos y la luz tenue de las lámparas creaban un resplandor cálido.
Mira entró con una bandeja de té de jazmín humeante y un frasco pequeño de galletas de mantequilla crujientes. El aroma floral llenó la habitación en segundos, envolviéndolos a ambos en una calidez reconfortante.
Kate sirvió el té en delicadas tazas de porcelana y le entregó una.
—Toma. Jason me lo mandó. Dice que esta mezcla es la mejor para aliviar el cansancio.
—Hace mucho que no sé de él. —Daven levantó la taza, aspiró el aroma y dio un pequeño sorbo. La calidez se le extendió por el cuerpo, reconfortante—. Jason tenía razón. Esto... es perfecto para los días pesados.
Kate se rio con suavidad. Pasaron unos segundos de silencio antes de que dejara la taza sobre la mesa y clavara en su hijo una mirada demasiado firme como para ignorarla.
—Daven, sé que estos días no fueron fáciles para ti. Las noticias de tu divorcio con Vanessa, las cosas que esa mujer hizo, las verdades que sacó a la luz y que nunca debieron ventilarse así... Sé por qué lo hiciste.
A Daven le tembló el pulso. Frente a él, la mujer que más amaba en el mundo, su madre, se veía cansada, con la expresión suavizada por la tristeza. Tal vez nunca imaginó que el matrimonio de su orgulloso hijo se desmoronaría de una manera tan pública y humillante.
—Todos hablan de eso, hasta el personal de aquí. —Kate dejó escapar una risita irónica—. Pero no te preocupes. Todos estamos contigo. Después de lo que hizo Vanessa, lo que sea que hayas decidido hacer ya no es algo que nadie pueda cuestionar.
Daven respiró hondo; la voz le pesó de nuevo.
—Por eso fui tan firme con el divorcio. Siento que... es la única salida. No puedo dejar que mi vida siga girando alrededor de un drama interminable.
Kate suavizó la sonrisa, agridulce.
—No voy a pedirte detalles. Ya eres un hombre y sabes lo que es mejor para ti. Pero hay algo de lo que quiero asegurarme: por favor, no te pierdas a ti mismo en todo esto. Has cargado demasiado durante demasiado tiempo, Daven.
Él se acomodó en el asiento y luego apretó con fuerza la mano de su madre.


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