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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 29

—Soy una persona horrible —susurró Althea. Su voz era tan baja que casi se perdía.

Ni siquiera se atrevía a levantar la mirada para ver a Lydia.

Lydia le puso la mano en el hombro con suavidad. Ambas estaban sentadas en un rincón tranquilo de un café en el centro. Normalmente, Althea nunca llamaría a Lydia de la nada; siempre planeaba las cosas y le avisaba con tiempo. Pero ese mismo día, cuando Lydia contestó el celular, solo escuchó a Althea llorar y se asustó.

Desde que se vieron, ella no había dicho ni una palabra. Su cara estaba pálida, tenía las mejillas coloradas y sus ojos hinchados eran prueba suficiente de las horas que debió pasar llorando.

—¿Qué pasó? —preguntó Lydia, cuidando que su tono fuera amable.

No quería presionarla, pero era obvio que algo estaba mal. Algo grave. En el fondo, a Lydia siempre le había dado mala espina que Althea se involucrara con esa familia. No sabía cómo explicarlo, era solo un instinto. Y ahora, al ver a su amiga así, temía que no se hubiera equivocado.

Ella no decía mucho, pero la falta de brillo en sus ojos y la forma en que se encogía de hombros decían más que suficiente. Lydia podía adivinar quién era el causante de su dolor: su esposo, Daven, y toda su familia.

La pregunta de Lydia pareció despertar algo en Althea. Levantó la mirada poco a poco y suspiró con temblor antes de empezar a hablar. Sus palabras estaban llenas de frustración y mucha culpa.

Todavía no olvidaba las palabras crueles de Vanessa. El ardor de esa cachetada, la vergüenza y el arrepentimiento se repetían en su mente una y otra vez. Y tal vez... tal vez había llegado demasiado lejos. Quizás no pensó en cómo su petición afectaría a los demás.

Entonces, comenzó a platicarle todo lo que pasó después.

***

—Si en serio tienes que elegir... —Althea interrumpió. Se escuchaba firme, a pesar del dolor que sentía en la cara; el golpe de Vanessa le había dejado más que una marca—. Entonces, por favor, Daven, solo recuerda el trato que hicimos. Me diste tu palabra. Un mes. Un mes viviendo como esposos en serio. Quedan menos de dos semanas. Lo único que te pido es que cumplas tu promesa. Después de eso... me iré. Podrás buscar tu felicidad.

Vanessa se rio de forma cortante.

—¿Todavía te atreves a pedir algo? —se burló—. ¿Y qué fue eso? ¿Que busquemos nuestra felicidad? ¿Es en serio? ¿Crees que podemos ser felices mientras tú sigas aquí? ¿Quién te crees que eres, Althea?

Esas palabras la lastimaron más de lo que esperaba, pero ella se mantuvo firme y se tragó el dolor, decidida a no demostrarlo.

Tenía que soportar por la esperanza que aún guardaba, incluso si eso significaba lastimar a otros o ser la mala del cuento.

—Solo soy la esposa de Daven. Al menos... por ahora —dijo, mirando de reojo al hombre que estaba a poca distancia—. Sé que no tengo un lugar en tu corazón, Daven. Pero tengo todo el derecho de pedirte que cumplas tu promesa. Solo estoy tratando de defender el acuerdo que aceptaste.

—¡¿Qué está pasando aquí?! —La voz aguda de Kate resonó en el lugar mientras entraba, atraída por el ruido que venía del cuarto de su hijo.

Las mañanas en la casa de los Callister solían ser tranquilas, aunque Kate a veces tenía que soportar las ganas de decirle cosas pesadas a Althea. Pero hoy el escándalo era tal que tuvo que salir de la cocina.

En realidad, se sentía aliviada de no verla por ahí actuando como si fuera la dueña de la casa. Tenía la esperanza de que la muchacha por fin hubiera entendido las indirectas, ya fuera quedándose encerrada en su cuarto o, con suerte, yéndose sin despedirse.

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