—No, mamá —dijo Daven con firmeza—. Eso no es cierto. Te lo puedo asegurar.
La mentira le ardió en el pecho, más de lo que esperaba. Decirle una falsedad de esa magnitud a su madre le dolió en lo profundo, pero no tenía opción. Temía el efecto dominó que podría desencadenar, sobre todo cuando la tormenta en la que ya estaba atrapado todavía no amainaba. No, “temor” no era la palabra correcta. Era más bien el terror de lo que su madre pudiera hacer si decidía actuar fuera de su control.
Y no podía olvidar cómo había tratado a Althea en el pasado.
—¿Estás seguro? —Kate entrecerró los ojos con suspicacia—. No me ocultes algo tan importante, Daven.
—Estoy seguro, mamá —respondió con calma, sin alterar la expresión. Le apretó la mano, como si le transmitiera su convicción a través de la piel—. Ya sabes cómo son los reporteros. Tuercen cualquier cosa para que encaje en su narrativa.
Kate exhaló despacio. El filo de su curiosidad se fue apagando, aunque una tristeza melancólica le nubló la mirada.
—Sí... tal vez tengas razón. No debí creerme algo así.
Daven apenas sonrió.
—Ella es feliz con su vida ahora, mamá. ¿No es verdad que fuimos nosotros los que no la quisimos como parte de esta familia?
Las palabras tomaron a Kate desprevenida. Se aclaró la garganta, tratando de esquivar la punzada. Pero en el fondo, sabía que no estaba equivocado.
—¿No tienes curiosidad por saber de tus hermanas? —preguntó, cambiando de tema.
—Tienes razón —dijo Daven con una sonrisa cómplice—. ¿Cómo están Felicia y Karina?
Se dio cuenta de que su comentario anterior había calado más hondo de lo que pretendía. La culpa lo picó: había hablado del pasado como si las heridas que le infligieron a Althea fueran algo trivial, cuando en realidad el arrepentimiento seguía ahí.
La cara de Kate se iluminó con el cambio de tema. Los ojos le brillaron con calidez.
—Felicia me mandó un mensaje esta mañana. Su marca de bolsos acaba de conseguir un pedido importante en el extranjero. Y Karina, ya conoces a tu hermana, anda hasta el cuello con su línea de zapatos. Muchas influencers la están empezando a notar.
Daven arqueó las cejas y dejó escapar un suspiro discreto.
—En serio saben cómo hacerme sentir que me estoy quedando atrás.
Kate rio.
—Eso se llama trabajo duro, Daven. Estás orgulloso de ellas, ¿no?
—Por supuesto. Eligieron un buen camino. Mientras se mantengan enfocadas en lo suyo, no tengo de qué preocuparme. Lo único que quiero es evitar que se vean envueltas en algo como lo que yo viví.

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