Aethelis amaneció con una mañana sombría; al menos para Althea.
Con el estado de Lydia aún tan incierto, había decidido quedarse al lado de su amiga los próximos días. Estaba muy agradecida con Chase por cuidar de Josh con gusto, y también con Chris y Cale. Les debía un agradecimiento personal a esos dos. Sin su ayuda, no sabía qué habría hecho.
—No dejes que esto te consuma, Althea —dijo Chase, apretándole los dedos—. Todos queremos lo mejor para Lydia.
Althea exhaló despacio.
—Sabes, estoy aterrada. Todavía no ha abierto los ojos… Tengo miedo de que...
—No tienes nada de qué preocuparte. —Chase la miró con firmeza—. Yo también estoy haciendo todo lo que puedo por ella. También es mi amiga.
Althea sonrió apenas, aferrándose a la poca compostura que le quedaba. Miró sus manos entrelazadas y luego recargó la cabeza contra el hombro de Chase; lo que fuera con tal de acallar la inquietud que la roía.
—Gracias, Chase.
—Cuando estés lista, iremos a hablar con el doctor de Lydia —dijo con suavidad.
Tenía razón. Necesitaba estar tranquila. Alejar los pensamientos oscuros sobre lo que pudiera pasarle a Lydia. Su amiga iba a salir de esta. Tenía que hacerlo. Althea lo creía con todo el corazón. Y era afortunada de tener a Chase a su lado. Siempre parecía tener las palabras justas para sostenerla.
—Gracias —murmuró de nuevo.
Chase ladeó la cabeza hacia ella.
—¿Por qué?
—¿Por estar aquí conmigo? —Se volvió un poco para encontrar su mirada, esos ojos que la habían perseguido, incansables, durante tres años. A pesar de las incontables veces que lo rechazó… esta vez, estaba empezando a dejarlo entrar. Su presencia en su vida a lo largo de esos tres años se había vuelto imposible de ignorar.
—Me alegra poder estarlo —dijo en voz baja—. Cariño.
Sus miradas se sostuvieron. Y en ese momento de silencio, Althea supo cuán profundamente Chase la amaba.
“¿Esto era… lo que se sentía ser verdaderamente amada?”
***
—¿Cómo está? —La voz de Althea tembló al hablar.
El doctor que había estado atendiendo a Lydia todo este tiempo se encontraba de pie frente a ella, sereno, pero la preocupación en sus ojos no podía ocultarse. Él también cargaba con sus propios temores por su paciente.
—Aún no hay cambios —respondió con cautela—. Ya pasó la etapa crítica, pero todavía no hay una mejoría significativa. Lo único que podemos hacer ahora es esperar a que recupere la conciencia.
Althea desvió la mirada hacia Lydia, que yacía inmóvil con cables y tubos recorriendo su cuerpo frágil. La palidez había abandonado su rostro, lo que la hacía parecer menos una paciente y más una mujer perdida en un sueño profundo y apacible. Pero… Althea detestaba que estuviera ahí.
Le ardieron los ojos. Le destrozaba el corazón ver a su mejor amiga así.
—Por favor… despierta, Lydia —susurró.

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