Al escuchar esa petición, el rostro de Josh se iluminó con una gran sonrisa.
—¡Claro!
Chris había estado a punto de darle una advertencia, pero al ver que a Josh no le molestaba, y que no parecía haber nada de qué preocuparse, dejó que el hombre adulto a su lado se agachara para quedar a la altura de Josh. Entonces, Josh quedó envuelto en un abrazo apretado.
Como si… no fueran a verse en mucho tiempo.
—Diviértete en la escuela, Josh —dijo Daven mientras lo soltaba a regañadientes. El corazón le gritaba en protesta, pero ¿qué podía hacer?
—¡Sí, señor Guapo! —Josh rio con ganas—. Creo que mejor ya entro. —Miró a Daven directo a los ojos—. Nos vemos, señor Daven.
Chris chasqueó la lengua.
—¿Qué, soy invisible para ti, Josh?
Josh le sacó la lengua.
—Adiós, tío Chris. Después de la escuela, jugamos videojuegos otra vez.
—¿No te da miedo que el tío Cale te regañe?
Josh negó.
—Anoche me dejó jugar porque pude contestar las preguntas que me hizo. Pero después de los videojuegos, me dijo que fuera a su oficina. Vas a acompañarme, ¿no?
—Sí, sí, sí —suspiró Chris, observando a Josh trotar hacia el edificio de la escuela, donde la señorita Spencer, su maestra, ya lo esperaba—. ¿Cree que soy su niñero?
Daven sonrió apenas.
—Seguro es muy divertido pasar tiempo con él.
Chris lo miró brevemente y asintió.
—Aunque a veces puede ser un poco molesto, tienes razón: estar con él es genial.
Daven se quedó en silencio, con la mirada fija en el pequeño que ahora estaba de pie junto a su maestra y sus compañeros. En su interior, susurró: “Dios, solo esta vez... por favor, concédeme este deseo. Es mi hijo, ¿verdad?”
—Escuché que hoy regresas a Aethelis.
Daven se aclaró la garganta y sacudió sus pensamientos.
—Sí. No creo que me quede nada pendiente aquí. Mi reunión con el alcalde Harold ayer salió muy bien.
—¿Te importa si hablamos en ese café de allá?
Daven siguió el gesto de Chris y asintió.

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