—Yo diría que tu mamá es peor que tu papá. Me pregunta casi todos los días: “¿Cuándo van a fijar la fecha? Hay mucho que preparar, no nos vayan a dejar corriendo a último momento”. —Hasta imitó el tono de su madre, la forma en que lo decía por teléfono, y Althea no pudo evitar sonreír.
El punto álgido había sido la noche anterior, durante la cena familiar. Riana no perdió ni un segundo antes de lanzar esa pregunta a la mesa, cuando toda la familia estaba reunida.
—Parece que no pueden esperar a vernos frente al altar —comentó Chase.
Althea asintió.
—Es cierto. Pero necesito pensarlo bien, Chase. No podemos apresurarnos. Hay mucho que preparar, ¿sabes?
Enarcó una ceja, analizando sus palabras.
—Tienes razón. Pero, Althea, la decisión te la dejo a ti. Si todavía sientes que debemos esperar, estoy de acuerdo. ¿Un año? ¿Dos?
Su mirada se clavó en la de ella mientras apoyaba la frente contra el volante, con las manos en la parte superior. La intensidad de esa mirada era tal que Althea sonrió, un tanto incómoda.
—¿En serio? ¿No te molestaría?
—Solo dime cuánto tiempo piensas hacerme esperar.
—¿Y si fueran... tres años?
Chase hizo un puchero.
—Me estás tomando el pelo, ¿no? —Le tomó la mano y se la apretó con fuerza—. No me hagas esperar tanto. Sí, ya me diste algo: la certeza de que por fin empiezas a corresponderme. Pero ¿tres años? ¿No te parece cruel?
Althea se rio y le apretó los dedos en respuesta.
—Está bien. Dame una semana para pensar en cuándo podríamos casarnos.
Chase se inclinó y le robó un beso dulce en la comisura de sus labios rosados. El gesto repentino hizo que abriera los ojos de par en par.
—Gracias, cariño. Y no te preocupes por los preparativos de la boda; mamá y la tía Ruth seguro te van a ayudar.
No se equivocaba. Esas dos mujeres jamás la dejarían encargarse de todo sola. Aun así, esta vez Althea quería involucrarse en cada detalle. Quería que esta boda fuera un logro personal, algo que pudiera darle forma ella misma. Pero no era el momento de mencionarlo; Chase parecía distraído.
Quizá se lo diría cuando hubiera decidido el mes para la boda.
—¿No me vas a soltar? —Althea levantó sus manos entrelazadas—. Mi turno está por empezar. No puedo dejar plantados a mis alumnos solo por irme a una cita contigo, ¿o sí?
Chase rio.
—Está bien. —Le dio un beso suave en el dorso de la mano—. Espérame para recogerte, ¿sí?
—Claro.
***
Cuando Althea desapareció dentro del edificio de la escuela, Chase encendió el motor y condujo rumbo al centro de la ciudad. Tenía asuntos que atender con Chris en la sede del Grupo TnC, la imponente torre de acero y cristal que era el corazón del imperio familiar.
La noche anterior, Chris ya le había compartido información sobre Daven, y Chase había hecho sus averiguaciones para rastrear los movimientos de ese hombre. Tenía un interés personal en mantener bajo control cualquier encuentro de su prometida con el conocido empresario.

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