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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 144

—El alcalde Harold lo invitó a cenar, señor Daven —dijo Arven cuando ya iban camino al edificio del Grupo TnC en el centro de la ciudad—. Como usted indicó, le informé de su llegada a Solaviz esta tarde.

Daven asintió brevemente, sin darle mayor importancia. Podía confiar en Arven para ciertos asuntos, sobre todo ahora que estaba empezando a sentar las bases de un nuevo proyecto en Solaviz.

El trayecto hasta el Grupo TnC resultó sorprendentemente fluido. Las calles, aunque llenas de actividad, no estaban atascadas de tráfico. A diferencia de la congestión constante de Aethelis, Solaviz se sentía más tranquila, más amplia. Aquí, al menos, Daven podía respirar un poco más fácil.

Pero sus pensamientos no dejaban de volver a lo mismo: el mensaje de Vanessa. Habría sido mentira decir que no lo había afectado. Esa mujer… astuta como siempre, amenazándolo sin un ápice de duda. Era ella quien estaba en falta, y sin embargo, en lugar de buscar cómo reparar el daño, o al menos evitar otro escándalo, parecía empeñada en convertirse en el centro de atención.

Al principio, lo único que quería era ganar el caso. Ya no toleraba la traición, y con las pruebas que tenía, el divorcio debería haber sido rápido, limpio e indiscutible, sin pérdidas innecesarias de tiempo ni energía. Pero ahora Vanessa lo había arrastrado a un tipo de pelea muy diferente. Una más sucia.

—No voy a permitir que esto pase —murmuró entre dientes.

—¿Señor? ¿Dijo algo? —Arven lo miró de reojo, desconcertado.

—No —respondió Daven con firmeza.

Aun así, Arven estaba seguro de que la mente de su jefe seguía en ese mensaje. De cualquier forma, sabía que debía recordarle que mantuviera la concentración durante la reunión con los Miller. No podían darse el lujo de irse sin obtener más detalles sobre el proyecto de departamentos estancado.

—Estamos por llegar al Grupo TnC, señor Daven.

El auto se detuvo frente al vestíbulo principal. Dos miembros del personal, preparados para recibirlos, se acercaron y guiaron a Daven y a Arven hasta la sala de reuniones.

El edificio del Grupo TnC era elegante, pulcro y decididamente moderno. Daven supuso que su dueño prefería un diseño minimalista: sencillo, pero con un aire discreto de lujo.

—Por aquí, señor —indicó uno de los empleados, conduciéndolo a un elevador privado. La cabina de acero los llevó rápidamente hasta el piso 34, donde los esperaba la sala de reuniones. Otro empleado les mencionó que Chris Miller ya los esperaba.

—Adelante, señor Daven. —El hombre abrió una puerta al fondo del pasillo. Adentro había una sala espaciosa, dominada por tonos castaños profundos que le daban un aire sobrio y refinado.

—Bienvenido, señor Daven Callister. —El saludo vino de un hombre de cabello ligeramente ondulado y mirada cálida y accesible. Su voz transmitía una simpatía natural.

Daven estaba seguro de que era Chris Miller.

—Así es. —Le estrechó la mano, notando que Chris parecía unos años menor que él.

—Chris Miller —se presentó.

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