La sonrisa de Daven fue tensa, más bien una mueca burlona.
—Permítame corregirlo. Vanessa es quien se mantiene ocupada por su cuenta: asiste a eventos sociales, audiciones de cine, va de un desfile de moda a otro, como si no tuviera un marido. Sin mencionar las horas que pasa recorriendo boutiques y galerías de arte… como si hubiera olvidado que tiene un hogar al cual volver.
—¡No me des la vuelta a las cosas! —le dijo Theo.
—No le estoy dando la vuelta a nada, señor Theo. Estoy exponiendo hechos. Y si quiere pruebas… puedo enviárselas.
Theo se quedó paralizado una fracción de segundo; la cara se le encendió mientras luchaba por contener su temperamento.
—En ese caso, ¡no me culpes si retiro hasta el último centavo de mi inversión en el Grupo Callister!
La amenaza le salió de la boca como un disparo.
La habitación no estaba vacía: el asistente de Theo y Arven se encontraban presentes. Al escuchar las palabras de Theo, intercambiaron una mirada rápida y alarmada, visiblemente incómodos. Daven, sin embargo, no se inmutó. Si acaso, su voz bajó aún más.
—Adelante. El Grupo Callister no depende de un solo inversionista. Y ya me preparé para lo peor en caso de que decida hacerlo.
La mirada de Theo se afiló, como si sopesara qué tan en serio hablaba su yerno.
—¿Crees que habrías llegado adonde estás sin mi respaldo? ¿Ya olvidaste todo lo que he hecho por el Grupo Callister?
Daven le sostuvo la mirada, fría y firme.


Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad