CAPÍTULO 77. Un terror con principios
Renzo observaba a Moon mientras ella navegaba por la playlist en su teléfono, haciendo una especial. Su rostro estaba sereno, y sus dedos se movían con lentitud, como si cada canción trajera consigo un recuerdo que pesaba más de lo que quería admitir.
Renzo no la apuró. En cambio, se acercó a una de las mesas de herramientas y tomó un par de puños americanos, decorados con un patrón de puntas afiladas así que en unas manos como las suyas no estaban hechos solo para romper huesos, sino también para desgarrar piel y causar el mayor dolor posible. Porque Moon podía infligir mucho dolor, pero Renzo le agregaba un ingrediente especial a la ecuación, y ese era la fuerza bruta.
—¿Ya sabes cuáles vas a poner? —preguntó poco, probando el peso de los puños en sus manos.
Moon asintió finalmente y conectó su teléfono a las bocinas. Los primeros acordes de una melodía épica y violenta llenaron la habitación, como un preludio perfecto para lo que estaba a punto de suceder.
Renzo arqueó una ceja, divertido.
—Música para la guerra —susurró ella.
—Buena elección —rio el italiano—. ¿Un toque dramático?
Moon se acercó a él despacio y lo rodeó con sus brazos, apoyando la cabeza sobre uno de sus costados y haciendo que Renzo la envolviera en un abrazo posesivo.
—¿De verdad vas a hacer esto por mí? —le preguntó y él sujetó su barbilla, levantándola para que lo mirara a los ojos.
—Haría cualquier cosa por ti —susurró inclinándose para besarla mientras aquella música se les metía en la piel—. No importa lo bueno o lo malo que sea, haría lo que fuera por ti. Esto no es nada. Solo quiero que todo termine, que puedas dejar esto atrás, cerrar este maldito capítulo y empezar una nueva vida juntos. ¿De acuerdo?
Moon sintió una suave calidez en su pecho. El amor verdadero tenía que existir; ellos dos habían sobrevivido al caos, al dolor y a la venganza, y aún estaban allí, luchando por un futuro juntos, por más terrible que fuera el momento.
—Entonces empieza —dijo en voz baja, dando un paso atrás.
Renzo asintió mientras una sonrisa llena de satisfacción se dibujaba en su rostro, y se giró hacia Edward Ashford, que estaba atado a la silla frente a ellos. El primer puñetazo fue tan fuerte que Moon juraba que había escuchado el hueso de la mandíbula fracturarse. Y la confirmación vino cuando el grito no salió.
Los ojos de Ashford parecían a punto de salirse, y aquella mezcla de dolor, terror y desesperación en ellos aliviaba el alma de Moon por más retorcido que fuera.
Y entonces el tiempo comenzó a dilatarse de una forma hermosa y agonizante.
El sonido de los golpes resonaba en la habitación, acompañado de los gemidos sofocados de Ashford. Cada vez que Renzo levantaba el brazo, Moon sentía que liberaba un poco más de la carga que había llevado durante años.

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