CAPÍTULO 76. Por esta vez…
—No te niego que pensé en llevarlo a la mansión en Italia. —Hizo una pausa, observando cómo los ojos de Moon brillaban con un tono peligroso—. Pero luego lo pensé mejor. Esa será nuestra casa, estaremos ahí juntos por el resto de nuestras vidas. No quiero que el recuerdo de este tipo manche nuestro hogar.
Moon arqueó una ceja y se mordió el labio inferior.
—¿Nuestro hogar? ¿Por el resto de nuestras vidas?... —lo provocó—. ¿Es solo mi impresión o de repente el Diávolo se está poniendo sentimental?
Él cerró los ojos y echó la cabeza atrás, disfrutando de esa sensación perfecta que era tenerla encima, presintiendo su humedad.
—Quizás un poco. —Su mano acarició suavemente sus muslos—. Supongo que no puedo evitarlo cuando estoy contigo. Después de todo, en casa tengo un par de grilletes con tu nombre… y en cuanto me digas que sí, les pondré cerraduras de verdad.
Moon rio abrazándolo y se relajó allí, cerrando los ojos mientras los dedos de Renzo trazaban pequeños círculos en su piel.
—Lo has hecho muy bien, nena —susurró él—. Ya falta muy poco para que todo esto termine. Eres una buena chica.
Moon sonrió sin abrir los ojos, disfrutando del calor en sus palabras. Sabía que esa frase lo excitaba tanto como a ella, pero estaba demasiado cansada para seguir con el juego.
—Te prometo que seré mala cuando despierte —murmuró y Renzo la estrechó con posesividad.
—OK, pero ahora duerme, Nena. Vas a necesitar fuerzas cuando despiertes.
Y, como siempre, Renzo no se equivocaba, porque cuando Moon despertó, el avión ya estaba descendiendo. A través de la ventana, vio las luces dispersas de un paisaje selvático, y miró a Renzo con una expresión que variaba entre la incertidumbre y la curiosidad.
—Al fin despiertas. Justo a tiempo —dijo él con una sonrisa enigmática.
—¿Dónde estamos? —preguntó Moon desperezándose—. Siento que dormí un siglo.

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