CAPÍTULO 75. Un pequeño detalle
—¿Quieres dispararme o quieres que te saque del país, preferiblemente sin esposas?
Y para un hombre en su situación la pregunta casi salía sobrando.
—¿Cuánto? —preguntó Ashford mientras se acercaba a él.
—Dos millones, y te saco de aquí sin preguntas —respondió el hombre con voz firme.
El primer ministro frunció el ceño. Aquello podía parecer sospechoso, pero la verdad era que no tenía muchas opciones.
—¿Por qué haces esto? ¿Por qué me ayudas? Estoy seguro de que no te conozco.
El hombre sonrió ligeramente, mostrando solo un atisbo de dientes.
—No lo hago por ayudarte. Lo hago por el dinero. Soy un hombre de negocios, sé aprovechar las oportunidades y por lo visto en tu situación eres una gran oportunidad. Dos millones a cambio de mis servicios.
Ashford lo miró con desconfianza, pero finalmente asintió, porque los dos sabían que no tenía otra salida.
—Trato hecho. ¿Cómo… cómo te llamas?
—Renzo Viscontti, para servirle —sonrió el italiano y sostuvo la puerta con deferencia mientras Ashford se subía. Un instante después la camioneta arrancó, dejando atrás el caos de la ciudad. El trayecto fue silencioso, con Ashford constantemente revisando su teléfono, e ignorando las llamadas y los mensajes desesperados del resto de su familia, porque era evidente que de su esposa y su hija no sabría jamás.
La tensión en el aire era palpable, y al llegar al aeropuerto privado Ashford bajó con pasos apresurados.
—¿Este es el avión? —preguntó, señalando el jet.
—Sí, señor. —Renzo asintió señalando la escalerilla—. El piloto está listo. Solo falta un pequeño detalle antes de despegar.
Ashford frunció el ceño, girándose para verlo mientras entraba en el avión.
—¿Qué detalle?

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