CAPÍTULO 74. El juego final
Las redes estaban estallando. Aquel no era solo el mayor escándalo del siglo, sino que no iba a ser posible silenciarlo, porque muchas mujeres amigas de la señora Ashford habían visto el video de primera mano, y todas ellas eran esposas, hermanas o hijas de altos dignatarios del gobierno.
Así que lo único que quedaba para Edward Ashford era pagar por sus crímenes y por supuesto era más que obvio que un hombre como él trataría de evitar eso a toda costa.
—Vístete, nena. Es hora de moverse —dijo Renzo mientras cerraba su laptop y apagaba las luces innecesarias de la casa segura.
Solo unos minutos después los dos se concentraban en recoger absolutamente todo, dejando aquel sitio como si nadie hubiera estado allí durante las últimas semanas.
Moon, que estaba sentada en el borde de la cama ajustándose las botas, levantó la mirada con una expresión llena de nostalgia anticipada.
—Odio la razón por la que vinimos, pero voy a extrañar este lugar —admitió mientras se levantaba y se ponía su gabardina.
Renzo sonrió, revisando que todo estuviera en orden, y luego se acercó a ella.
—Este capítulo está por terminar, pero te prometo que voy a encontrar muchos otros lugares desconocidos y aislados donde pueda hacerte gritar. ¿Te gustaría?
Moon asintió en silencio, tomando su bolsa de viaje y juntos revisaron le dijeron adiós por última vez a la casa antes de salir.
—Te veré en el aeropuerto —le dijo él con una sonrisa suave mientras cerraba la puerta de su camioneta y se inclinaba para besar a Moon tras el volante—. Ve con cuidado, manda a que preparen todo y espérame en el avión.
—¿Tenemos ya un destino? —preguntó y Renzo le hizo un gesto suave de afirmación.
—El piloto ya lo conoce. Para ti es una sorpresa —le dijo tomando sus labios con un beso lleno de urgencia y luego golpeó la puerta por fuera como una invitación—. Vamos, vete, o de lo contrario te bajaré de ahí para hacerte cosas muy poco decentes.
Moon le lanzó un beso de despedida y encendió el motor, perdiéndose en la oscuridad de la madrugara sin que a Renzo le preocupara en lo más mínimo su seguridad porque, siendo honestos… el peligro era ella.
Moon se dirigió el aeropuerto tal como le había prometido y allí un jet privado aguardaba ya en el hangar. Subió las escaleras con un paso firme, echando un último vistazo al lugar antes de entrar, y luego se acercó a los pilotos.

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