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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 97

El ambiente de pronto se volvió tenso.

Alana, sin darse cuenta, contuvo la respiración.

Caleb, con su habitual gesto imperturbable, tomó el vaso, se bebió todo el licor de golpe y, en lugar de responder, se envolvió en un frío silencio.

El corazón de Alana, que había estado a punto de salírsele del pecho, volvió a su lugar de golpe.

Esbozó una sonrisa irónica. *¿Qué diablos estaba esperando escuchar?*

—¡Eh, eh, eh! ¡Para ser un gran ministro, estás haciendo trampa! ¿Crees que con emborracharte te vas a librar de contestar? —protestó Gregorio.

—Su licor es excelente —en el rostro de Caleb asomó por fin una leve sonrisa llena de arrogancia—, pero no es suficiente para tumbarme.

—¿En serio? —Gregorio entrecerró los ojos—. A ver, ponte de pie y camina un par de pasos.

Alana se apresuró a acercarse:

—Papá, ya es muy tarde. Nos tenemos que ir.

Se inclinó hacia Caleb y le hizo una seña con los ojos:

—Vámonos.

Caleb miró su reloj, se levantó de la silla y de inmediato se tambaleó.

Alana extendió el brazo para sostenerlo:

—¿Estás bien?

Caleb negó con la cabeza, aunque su mirada empezó a perder el enfoque y su postura, siempre impecable, comenzó a encorvarse.

Aquella frialdad inquebrantable de siempre había desaparecido, reemplazada por la torpeza y el aturdimiento típicos de una buena borrachera.

Alana sintió que aquello se iba a salir de control.

Gregorio levantó la mano con gran seguridad y empezó a contar regresivamente desde tres.

Caleb comenzó a balancearse hasta el punto de tener que apoyarse en la orilla de la mesa para no caerse.

—¡Ministro! —Marcos salió disparado de la cocina al ver la escena y corrió a ayudarlo.

Gregorio también intentó ponerse de pie:

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