Marcos soltó una carcajada:
—Es una agencia secreta del gobierno que se encarga de resolver los problemas más difíciles. Digamos que hemos protegido a muchos presidentes, y eliminado a bastantes malos que querían hacernos daño.
—¿Entonces tienen muchas, muchas armas?
—Así es —asintió Marcos, inclinándose hacia ella para presumirle en voz baja—. Y te cuento un secreto, amiguita: tu cuñado ha sido campeón de artes marciales, campeón de tiro y campeón de equitación. Es un tres veces campeón.
Todos en la mesa se miraron entre sí, quedándose petrificados en sus asientos por la sorpresa.
Caleb le lanzó a Marcos una mirada que cortaba como el hielo.
Marcos agachó la cabeza al instante y empezó a comer a toda prisa, murmurando:
—Vaya, qué rico sabe todo, hace mucho que no comía tan bien.
—¡Wow! —Cristina tenía los ojos brillando de admiración y se volteó a ver a Alana—. ¡Hermana, eres lo máximo!
Alana intuyó de inmediato por dónde iba el comentario, así que le metió un trozo de carne en la boca para callarla y le advirtió:
—Ni se te ocurra andar presumiendo esto con la gente del pueblo.
Cristina masticó rápido, tragó y preguntó:
—¡Pero seguro alguien me va a preguntar en qué trabaja mi cuñado! ¿Qué les respondo?
La pregunta dejó a Alana sin saber qué decir.
Caleb miró a la niña con una expresión sorprendentemente suave y le dijo:
—Ven, yo te explico qué decir.
Cristina se acercó a él.
Caleb se inclinó y le susurró algo al oído.
Luego le preguntó:
—¿Te quedó claro?
Cristina asintió, radiante de felicidad:
—¡Clarísimo, cuñado!
Y regresó dando saltitos a su silla para seguir comiendo.

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