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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 74

Las lágrimas brotaron de sus ojos con total impotencia, resbalando por sus mejillas y dejando un rastro de suciedad en su rostro.

La desesperación la envolvió como una marea helada, asfixiándola y cortándole la respiración.

Para colmo, los cólicos en su vientre eran insoportables.

Solo pudo abrazarse las rodillas, acurrucada en ese rincón maloliente, rogando que sonara la campana para que el profesor notara su ausencia.

De pronto, unos pasos suaves resonaron al otro lado de la reja de metal.

Luego, el tintineo de la cadena rompió el sepulcral silencio.

Alana levantó la mirada por instinto, entrecerrando los ojos, que ya estaban rojos e hinchados por el llanto, y miró a través de la visión borrosa.

A contraluz, una figura esbelta se acercaba lentamente.

Justo en ese instante, un rayo del sol más cálido del mediodía atravesó las sombras, iluminando a la persona y envolviéndola en un resplandor dorado.

Solo cuando el chico llegó frente a ella, y se agachó para quedar a su altura, pudo verle el rostro con claridad. Tenía unas facciones suaves, pestañas largas y una mirada tan limpia que no escondía rastro alguno de burla o lástima. Solo había pura y absoluta ternura.

La leve sonrisa en sus labios era como el primer rayo de sol de la primavera; no deslumbraba, pero era suficiente para disipar toda la suciedad y el frío que la rodeaban.

El joven la ayudó a levantarse, desdobló el suéter tejido que llevaba en la mano y se lo ató alrededor de la cintura, cubriendo el bochornoso desastre de su falda.

El aroma a jabón limpio que desprendía su ropa la envolvió, y su vista se posó en la etiqueta de estudiante en su pecho: Lisandro Herrera.

—Ve a los vestidores, lávate y ponte el uniforme de deportes —le dijo Lisandro en voz baja.

Un nudo se formó en su garganta; abrió la boca, pero no logró articular palabra.

Solo pudo mirarlo embelesada, mientras nuevas lágrimas amenazaban con derramarse.

—También te traje esto... —agregó él, entregándole un pequeño paquete cuadrado, envuelto discretamente en servilletas de papel.

El corazón de Alana comenzó a latir a un ritmo desenfrenado.

El sonido en su pecho era tan fuerte que opacaba todo lo demás; parecía que se le iba a salir.

Capítulo 74 1

Capítulo 74 2

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