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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 59

«Lamento mucho no poder acompañarla en la cena, mi niña, espero me disculpe. El hombre que tiene enfrente es mi sobrino: de buena apariencia, con casa y auto propios, trabajo estable y, sobre todo, una gran estabilidad emocional. Arreglé este pequeño encuentro a solas para que puedan conocerse. Le pido de corazón que lo considere seriamente.»

¿Conocerse?

¡¿Una cita a ciegas?!

Cuando esas palabras hicieron clic en su cabeza, a Alana casi se le cae la mandíbula. El impacto fue tal que se atragantó con el agua que acababa de tragar.

—¡Cof, cof, cof!

Se inclinó hacia un lado, tosiendo tan fuerte que su rostro se puso rojo como un tomate. Parecía que en cualquier segundo se quedaría sin aire; tardó una eternidad en recuperarse.

Caleb levantó la mirada y la observó fríamente. En sus ojos había un noventa por ciento de desagrado y un diez por ciento de lástima.

Ella logró recomponer su postura exteriormente, pero por dentro su mente era un volcán en plena erupción. Se sentía como si estuviera sentada sobre brasas ardientes, incapaz de encontrar acomodo.

¿Una cita a ciegas con Caleb Lozano? Era, sin duda, la broma más absurda del universo.

¿Qué mujer en su sano juicio querría casarse con un hombre así?

La imaginación de Alana se desbordó, proyectando escenas dignas de una película de terror.

Se vio a sí misma vestida de novia, amarrada dentro de un carruaje fúnebre, mientras una procesión de demonios tocaba una melodía espeluznante.

Al ser arrojada frente al Rey de los Demonios, este abría sus fauces ensangrentadas y le preguntaba: «¿Estás lista, mi difunta esposa?»

Alana abrió los ojos de golpe, regresando a la realidad, y miró con evidente pánico al «Rey de los Demonios» que tenía enfrente... es decir, a Caleb.

Él ya había terminado de cenar. Dejó la servilleta a un lado y la observó con una expresión aún más impasible, como si quisiera dejar muy claro lo poco que le importaba toda esta situación.

—La doctora apenas está en proceso de divorcio y ya tiene tanta prisa por buscar un reemplazo —dijo Caleb, rompiendo el tenso silencio.

Alana se quedó paralizada unos segundos. Aquel comentario mordaz e insultante dio en el blanco.

Ella ni siquiera había dicho una palabra, y él ya había adoptado esa actitud de superioridad absoluta.

—Sí, claro que tengo prisa —respondió ella, dejando de lado el pánico anterior y mostrando una sonrisa cargada de hipocresía—. Le agradezco que me lo recuerde. Mi tiempo es oro y no puedo darme el lujo de desperdiciarlo.

El aire en la habitación se congeló de golpe.

La indiferencia en el rostro de Caleb se resquebrajó por un instante. En esos ojos, usualmente vacíos de cualquier emoción, apareció por primera vez un destello de auténtica sorpresa.

Capítulo 59 1

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