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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 58

Doña Otilia le contó que, en su juventud, había sido jinete profesional y que, en su mejor momento, llegó a ganar varios premios a nivel internacional.

La lesión en la espalda era precisamente una secuela de sus años domando caballos.

Entusiasmada con sus propios relatos, le pidió al mayordomo que trajera varios álbumes de fotos para mostrárselos a su invitada.

Al llegar a las fotos de su boda y a las de ella sosteniendo a un bebé, doña Otilia comentó:

—Me casé ya mayor, así que tuve a mi único hijo a una edad bastante avanzada.

Alana miró la fotografía de aquel niño de rostro limpio y adorable. Pensó que Julián Rojas había crecido exactamente con esas mismas facciones, sin cambiar demasiado.

—Doctora, ¿alguna vez ha escuchado hablar de la Corporación Águila? Mi hijo trabaja ahí —preguntó la señora.

Alana asintió, pensando que lo mejor en ese momento era fingir que no lo conocía en absoluto.

—Ay, es que dan unas rabietas terribles —se quejó doña Otilia—. No entiendo por qué los jóvenes de hoy en día le huyen tanto al matrimonio. Si le digo que se case, me sale con que está muy ocupado. ¿Ocupado en qué, me pregunto? Y los que sí se casan, a la primera de cambio ya se están divorciando.

Al darse cuenta de su imprudencia, trató de arreglarlo de inmediato.

—No lo digo por ti, mi niña. Tú hiciste muy bien en divorciarte. Cuando las cosas no funcionan, hay que cortar por lo sano a tiempo.

Alana esbozó una sonrisa un tanto incómoda.

Al llegar a la última página del álbum, vio una foto de Julián cuando era niño, posando junto a un adolescente de cejas espesas y ojos grandes.

Alana se quedó paralizada por un instante. Aquel muchacho tenía el rostro serio y una expresión severa, como si guardara un profundo rencor hacia el mundo entero. Las facciones coincidían asombrosamente con las de alguien que ella conocía muy bien.

—Este de aquí es mi sobrino —explicó doña Otilia, con un tono cargado de significado—. Desde niño odiaba que le tomaran fotos. El hecho de que exista esta imagen ya es la octava maravilla del mundo.

Alana forzó una sonrisa, sintiendo un escalofrío repentino que la llenó de una ansiedad inexplicable.

Pensar en el rostro gélido e implacable de aquel hombre, y escuchar cómo lo describían con tanta normalidad, le producía un rechazo instintivo.

Sin darse cuenta, la tarde llegó a su fin y el mayordomo anunció que la cena estaba servida.

Doña Otilia se excusó diciendo que iba a cambiarse de ropa y le pidió a una empleada que acompañara a la invitada al comedor.

Alana, como buena invitada, siguió a la sirvienta.

Cuando abrieron las pesadas y elegantes puertas de cristal del comedor, la luz cálida inundó el espacio, reflejándose sobre una mesa larga y exquisitamente decorada.

Sin previo aviso, su mirada chocó directamente con la figura sentada en la cabecera. Alana se detuvo en seco, sus pupilas se contrajeron y se quedó paralizada en el umbral.

Capítulo 58 1

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