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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 412

Por su parte Victoria permanecia junto a los tres niños mientras Daniel continuaba observabando la escena desde unos pasos de distancia y fue precisamente aquella espera la que le permitió confirmar la forma en la que tenia que actuar.

—Puede quedarse —dijo Daniel finalmente—, siempre que tú dejes de convertir cada cosa que digo en una confrontación.

Victoria comprendió que acababa de conseguir exactamente lo que necesitaba y, por más repulsión que le produjera la condición, decidió utilizar la interpretación que Daniel quería darle.

—Entonces deja que los tres permanezcan conmigo y podremos hablar.

Camille levantó la mirada con evidente confusión, mientras Mathis se acercaba un poco más a Eduardo como si necesitara comprobar que nadie volvería a intentar separarlo.

Daniel observó aquella reacción y terminó haciendo un gesto a sus hombres para que se retiraran unos metros.

—Nadie los separará mientras tú cooperes.

Victoria se volvió hacia los niños antes de que cualquiera pudiera decir algo que rompiera aquella frágil ventaja.

—Escúchenme, porque necesito que confíen en mí aunque algunas cosas que haga o diga no les gusten —murmuró mientras los acercaba—. Vamos a permanecer juntos y no van a discutir con nadie, aunque escuchen cosas que no entiendan.

Camille frunció el ceño.

—¿Tenemos que hacerle caso?

—Tienen que hacerme caso a mí.

La niña asintió y Victoria besó su frente antes de extender un brazo hacia Mathis, quien se dejó abrazar sin apartar la vista de Daniel.

—Papá va a encontrarnos —aseguró el niño con una convicción que consiguió apretarle el pecho.

Victoria no necesitó fingir cuando respondió.

—Sí, lo hará.

No sabía cuánto tardaría Adrián ni qué tendría que atravesar para llegar hasta ellos, pero conocía al hombre con quien había reconstruido su matrimonio y sabía que no iba a detenerse mientras existiera una posibilidad de encontrarlos. Esa certeza era una de las pocas cosas que Daniel no podía quitarle, de modo que la guardó para sí y evitó mirar hacia la puerta como si esperara verlo entrar en cualquier momento.

Un hombre llevó comida, agua y algunas mantas, y Daniel indicó que dejaran todo cerca de los niños.

—Necesitas comer —dijo mirando a Victoria—, especialmente ahora.

Ella supo que se refería al embarazo.

—Ellos también.

—Hay suficiente para todos.

Victoria tomó primero uno de los alimentos y lo probó antes de repartirlo entre los niños, un gesto que Daniel observó con evidente molestia.

—Todavía crees que voy a hacerte daño.

—No necesito creer nada después de lo que hiciste para traerme aquí.

Daniel se sentó frente a ella.

—Todo esto habría sido innecesario si Adrián no hubiera convertido cada intento de acercarme en una guerra.

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