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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 393

Victoria sostuvo la mirada de Daniel durante varios segundos, consciente de que cualquier respuesta apresurada podía convertirse en otra pieza de la historia que él llevaba demasiado tiempo intentando construir a su alrededor. Laura permanecía cerca de la entrada con la culpa reflejada en el rostro, mientras Camila continuaba lo bastante próxima para intervenir si algo cambiaba, aunque ninguna parecía dispuesta a romper el silencio antes de que Victoria decidiera hacerlo.

—Sí sentí algo, pero no lo que tú quieres escuchar.

La satisfacción apareció inmediatamente en los ojos de Daniel, aunque empezó a desaparecer cuando Victoria continuó sin permitirle interpretar aquella confesión a su conveniencia.

—Sentí confianza, gratitud y una cercanía que en ese momento necesitaba porque estaba intentando descubrir quién era lejos de Adrián, de Fernanda y de todo lo que llevaba años definiéndome. Hubo días en los que pensé que eras la única persona que veía mi trabajo antes que mi apellido, y perder esa amistad me dolió mucho más de lo que quisiera reconocer.

Daniel avanzó hacia ella como si aquella confesión le perteneciera.

—Entonces sabes que no todo fue mentira.

—Sé que yo lo viví como algo verdadero, pero eso no demuestra que tú lo hayas vivido de la misma manera.

Hablar de aquel momento removía algo diferente al miedo, porque durante meses Victoria había preferido pensar que Daniel siempre había sido un manipulador perfectamente calculado. Aquella explicación era mucho más sencilla que admitir que había reído con él, compartido proyectos, buscado su opinión y confiado en alguien capaz de transformar después cada recuerdo en una herramienta para alcanzarla.

—Tal vez sí fuiste mi amigo durante un tiempo o quizá supiste representar ese papel tan bien que nunca pude distinguirlo, pero ya no importa de la forma en que tú esperas.

—Claro que importa, porque sigues comparando todo lo que hice contigo con lo que Adrián hizo y, aun así, lo eliges a él.

—No estoy comparando quién cometió menos errores.

Daniel rio con una amargura que no intentó disimular.

—Qué conveniente resulta decir eso ahora.

—Lo conveniente sería fingir que Adrián nunca me lastimó para convertirte a ti en el único monstruo de esta historia, pero no necesito hacerlo. Sé exactamente quién fue mi esposo, recuerdo cómo me hizo sentir y también sé cuánto ha tenido que cambiar para poder volver a estar conmigo.

Laura desvió la mirada, mientras Camila observaba a Daniel con una concentración que Victoria reconoció como una señal de que seguía buscando alguna manera de comunicarse con el exterior sin provocar una reacción.

—¿Y si vuelve a hacerlo? —preguntó Daniel—. ¿Cuánto vas a perdonarle antes de comprender que únicamente aprendió a esconder mejor lo que siempre ha sido?

Victoria sintió el golpe de la pregunta porque aquel miedo había existido incluso después de reconciliarse, aunque ya no necesitaba fingir que amar a Adrián significaba confiar ciegamente.

—Si vuelve a hacerlo, tendrá que enfrentar las consecuencias y una de ellas podría ser perderme.

Daniel frunció el ceño.

—Hablas como si dejarlo fuera tan sencillo.

—No lo sería, pero esa es precisamente la diferencia entre lo que tú entiendes y lo que yo aprendí. Amar a alguien no me obliga a permanecer junto a él si vuelve a destruirme, de la misma manera que apreciar lo que tú representaste alguna vez no me obliga a aceptar al hombre en que te convertiste.

La mandíbula de Daniel se endureció.

—Sigues hablando de mí como si hubiera muerto.

—El amigo que yo conocí ya no existe.

La frase produjo un cambio inmediato y Laura levantó el rostro mientras Daniel permanecía frente a Victoria con una serenidad que comenzaba a romperse.

—Yo estoy aquí.

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