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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 390

Victoria permaneció unos segundos observando la puerta, intentando convencerse de que en cualquier momento escucharían pasos apresurados y a Laura quejándose por la visita inesperada, aunque la incomodidad que había sentido desde que llegaron no disminuyó cuando Camila presionó el timbre por primera vez.

Esperaron el tiempo suficiente para que ambas comenzaran a mirarse con preocupación y Camila volvió a intentarlo antes de golpear con los nudillos.

—Laura, sabemos que estás ahí. Si estás demasiado enferma para abrir, dilo al menos para que dejemos de imaginar que te desmayaste en el baño.

Victoria habría sonreído cualquier otro día, pero acercó ligeramente el rostro cuando creyó escuchar algo dentro. No fue suficiente para distinguir qué había ocurrido, aunque sí para confirmar que el departamento no estaba completamente en silencio.

Sacó el teléfono y llamó a Laura.

El sonido del celular llegó amortiguado desde el interior, prolongándose varios segundos hasta que la llamada terminó sin respuesta.

Camila dejó de fingir tranquilidad mientras guardaba su propio teléfono.

—Esto ya no me gusta.

—A mí tampoco.

Victoria volvió a marcar y obtuvo exactamente lo mismo, por lo que esta vez golpeó la puerta con mayor insistencia.

—Laura, soy yo. Abre, por favor.

Tardaron tanto en recibir una respuesta que Camila ya estaba buscando el número de seguridad del edificio cuando una voz finalmente llegó desde el otro lado.

—Victoria, estoy bien, solamente sigo enferma.

La respuesta debería haberla tranquilizado, pero consiguió lo contrario. Laura hablaba demasiado despacio, separando algunas palabras como si necesitara pensar cada una antes de pronunciarla, y aquella manera de expresarse no se parecía en nada a la mujer que normalmente contestaba incluso cuando estaba molesta.

—Entonces déjame verte —pidió Victoria—. No vamos a quedarnos si quieres descansar, pero llevas días respondiendo únicamente que estás bien y ya no me alcanza con eso.

—No necesitas comprobarlo, de verdad. Regresaré en unos días.

Camila levantó las cejas y Victoria vio en su rostro la misma sospecha que empezaba a instalarse en ella.

—Laura —intervino Camila—, ¿hay alguien contigo?

Del otro lado no contestaron.

Victoria sintió que algo se endurecía dentro de su pecho. Recordó al guardia que Adrián había dejado en los alrededores del edificio y también que, según los reportes, nadie había visitado a Laura durante toda la semana. La única explicación razonable habría sido que se encontrara sola, pero aquella pausa acababa de convertir lo razonable en algo que ya no podía aceptar sin cuestionarlo.

—No pasa nada —dijo Victoria, cambiando deliberadamente el tono—. Solo quiero darte unas cosas y comprobar que no necesitas que te llevemos al médico. Abre un momento y después nos vamos.

Escucharon movimiento, seguido por un ruido leve que pareció provenir de algún mueble, y varios segundos después el seguro giró.

Laura abrió apenas lo suficiente para asomar el rostro.

Victoria tuvo que contener la reacción al verla. No parecía estar atravesando una enfermedad común; tenía el cabello recogido de cualquier manera, el cansancio marcado alrededor de los ojos y una tensión en la boca que no desapareció ni siquiera cuando intentó sonreír.

—¿Ves? Estoy viva.

—Eso es un estándar bastante bajo para tranquilizarnos —respondió Camila, pero tampoco consiguió bromear con naturalidad.

Laura apoyó una mano en el borde de la puerta.

—Agradezco que hayan venido, pero realmente necesito dormir.

Capítulo 390 1

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