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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 378

Daniel no necesitó explicar mucho más. El hombre frente a él asintió y guardó el teléfono con las instrucciones que acababa de recibir, mientras Daniel volvía a mirar las fotografías. Ya no quería limitarse a observar cómo Montenegro reaccionaba cuando lo atacaban desde lejos; necesitaba acercarse, provocar algo real y demostrarle a Victoria que, cuando se sintiera amenazado, Adrián volvería a ser exactamente el mismo hombre que ella alguna vez había decidido abandonar.

A la mañana siguiente, Victoria acudió a una nueva revisión médica. Adrián viajó con ella y el equipo de seguridad reforzó discretamente los accesos sin convertir el trayecto en una operación que terminara poniéndola todavía más nerviosa. Desde que comenzaron las dudas sobre los resultados anteriores, cada consulta se había transformado en una mezcla incómoda de alivio y temor, porque Victoria quería creer que Daniel había manipulado información, aunque también sabía que necesitaba escuchar a sus médicos antes de aferrarse a cualquier explicación.

El especialista revisó los nuevos estudios durante varios minutos y finalmente levantó la vista.

—No veo una emergencia en este momento, pero quiero mantener vigilancia estrecha. Hay valores que debemos seguir observando y no quiero que bajemos la guardia únicamente porque hoy no tengamos una mala noticia.

Victoria asintió, sintiendo que podía respirar un poco mejor.

Adrián permanecía junto a ella, aunque antes de que el médico comenzara a explicar el siguiente seguimiento se inclinó ligeramente hacia Victoria.

—¿Quieres que me quede durante toda la consulta?

La pregunta consiguió que ella lo mirara.

—Sí, quiero que estés aquí.

Adrián se acomodó nuevamente en la silla sin añadir nada más.

Victoria entendió entonces algo que meses atrás habría resultado imposible: la presencia de Adrián ya no se sentía asfixiante cuando él dejaba espacio para que ella decidiera. Seguía siendo el mismo hombre que quería saber cada resultado, hablar con cada especialista y anticiparse a cualquier riesgo, pero ahora preguntaba antes de apropiarse de una conversación que pertenecía a su cuerpo.

El médico explicó las señales que debían vigilar, confirmó que repetiría algunos estudios y dejó claro que cualquier cambio debía reportarse inmediatamente. Adrián hizo un par de preguntas únicamente después de que Victoria terminó las suyas, algo tan sencillo que habría pasado inadvertido para cualquiera más, aunque ella reconocía perfectamente cuánto trabajo le había costado llegar hasta allí.

Al terminar la consulta, salieron del área médica acompañados por seguridad. Adrián apenas había avanzado unos pasos cuando recibió una llamada y se detuvo al reconocer el número del jefe del equipo.

—Ve avanzando, te alcanzo enseguida —le dijo a Victoria después de esperar su respuesta con la mirada.

Ella asintió y continuó por el pasillo con uno de los escoltas, sin alejarse demasiado. Habían recorrido apenas unos metros cuando una puerta de acceso secundario se abrió.

Victoria no reconoció primero el rostro, sino la forma de caminar. Había algo en la inclinación de los hombros y en esa manera de sostener el cuerpo como si una parte de él todavía le doliera que consiguió detenerla antes de que pudiera entender por qué. El hombre levantó finalmente la mirada y Victoria sintió que todo alrededor perdía importancia.

Era Daniel.

No dentro de una pantalla, no como una grabación que podía detenerse ni como una voz que podía desaparecer al finalizar una llamada. Estaba frente a ella, más delgado de lo que recordaba, con el rostro marcado por el desgaste de la recuperación y movimientos todavía contenidos, como si el cuerpo le recordara a cada paso que había estado muy cerca de morir.

—Victoria.

Escuchar su nombre en aquella voz resultó peor que verlo. El escolta avanzó de inmediato, colocándose parcialmente delante de ella, pero Daniel levantó una mano.

—Solo necesitaba verte.

Victoria retrocedió cuando él intentó acercarse y la reacción pareció herirlo.

—No tienes que tenerme miedo. Sé lo que Montenegro y tu hermana te han contado de mí, pero probablemente tampoco te ha dicho…

—Nadie tuvo que explicarme lo que hiciste.

Daniel se detuvo y Victoria sintió que las manos le temblaban, aunque mantuvo la voz firme.

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