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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 376

La repercusión de la declaración de Adrián fue muy distinta a lo que todos esperaban. Las opiniones seguían divididas y había quienes utilizaban cada frase para atacarlo, pero también comenzaron a aparecer comentarios de personas que reconocían algo poco habitual en un hombre acostumbrado a proteger su imagen: no había intentado negar lo ocurrido ni convertir sus malas decisiones en una historia romántica.

Daniel seguía entre las sombras observando aquella reacción con creciente frustración.

Cada filtración parecía producir el efecto contrario. Cuando había revelado el origen del riñón, Victoria y Adrián habían aparecido unidos frente al público. Cuando expuso la reacción de Adrián ante el embarazo, Montenegro había aceptado los hechos sin intentar limpiar su imagen y había terminado reforzando precisamente la diferencia que Daniel trataba de negar.

Desde la mansión, Camila revisaba tendencias junto con su equipo.

—Esto es extraño.

Victoria se sentó frente a ella.

—¿Qué cosa?

—La conversación está cambiando. Ya no están hablando solamente de lo que hizo Adrián, sino de que lo reconoció.

Laura levantó la mirada de su teléfono.

—No quiero alimentar su ego, pero admitir públicamente que fue un idiota parece haberle funcionado.

Adrián entró justo a tiempo para escucharla.

—Siempre agradezco tu capacidad para resumir situaciones complejas.

—Para eso estoy.

Victoria sonrió, pero la ligereza desapareció cuando uno de los integrantes del equipo anunció que habían encontrado nuevas cuentas difundiendo fragmentos de información antigua.

—¿Otra vez?

—Todavía no hay nada grande. Parece que están probando qué consigue reacción.

Adrián miró a Victoria antes de responder.

—No hagamos nada hasta saber qué es.

Camila asintió.

Aquella frase habría sido imposible tiempo atrás. Antes, Adrián habría llamado abogados, seguridad y directivos antes de que alguien terminara de explicarle el problema. Ahora seguía queriendo hacerlo, Victoria podía verlo en la tensión de sus hombros, pero había aprendido que una urgencia interna no siempre exigía una acción inmediata.

Esa noche, cuando finalmente quedaron solos en su habitación, Victoria se sentó junto a él en la cama.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Depende de si planeas utilizarlo después contra mí.

—Probablemente.

Adrián sonrió.

—Pregunta.

Victoria acarició distraídamente sus dedos.

—¿Te resulta humillante admitir tus errores delante de desconocidos?

Él tardó unos segundos antes de responder.

—No tanto como habría pensado hace unos años.

—Eso no responde.

Adrián giró hacia ella.

—Sí, una parte de mí lo odia. Pasé demasiada vida creyendo que debía tener siempre una respuesta, una solución y una versión controlada de cada problema. Admitir frente a millones de personas que hice cosas de las que me avergüenzo no es precisamente agradable.

Victoria sostuvo su mirada.

—Entonces ¿por qué lo hiciste?

—Porque sería mucho más humillante volver a perderte por fingir que nunca me equivoco.

La respuesta la dejó en silencio mientras Adrián acarició lentamente el dorso de su mano.

—Además, Daniel está utilizando cosas reales. Si niego lo que ocurrió, termino ayudándolo.

Victoria bajó la mirada.

—Estoy cansada de que este convencido de que la forma en la que esta actuando lo convierte en un buen hombre.

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