—No vas a ir.
La respuesta salió de Adrián antes de que Victoria pudiera formular siquiera una pregunta, pero apenas escuchó sus propias palabras cerró los ojos y dejó escapar una exhalación cargada de frustración.
Victoria no dijo nada mientras él volvió a mirarla.
—Eso estuvo mal — lo dijo Victoria.
—Un poco — acepto Adrián.
—Mucho — le aseguro ella, pero no para regañarlo sino para hacerle ver que aquello no estaba bien.
La sinceridad consiguió desactivar parte de la discusión que habría comenzado meses atrás. Adrián se incorporó y pasó una mano por su rostro mientras intentaba encontrar una forma distinta de expresar exactamente el mismo miedo.
—Lo que debería haber preguntado es qué necesitarías para sentirte segura si decides ir.
Victoria lo observó durante unos segundos, consciente de que aquella corrección no borraba el impulso inicial, pero demostraba algo quizá más importante: Adrián empezaba a reconocerlo antes de convertirlo en una decisión.
—Quiero escucharlo.
—Lo imaginé.
—¿Eso te molesta?
—Me aterroriza, que es diferente.
Victoria tomó su mano.
—Entonces ven conmigo.
—No necesitabas pedirlo.
—Sí necesitaba. Precisamente de eso se trata.
Adrián apretó sus dedos.
—Entonces sí. Voy contigo.
La noticia de la entrega de Alejandro llegó rápidamente al resto de la familia y Ernesto apareció antes de que pudieran salir.
—Voy con ustedes.
Victoria negó.
—Papá.
—Soy tu padre.
—Eso no te concede decidir por mí tampoco.
Ernesto se quedó inmóvil, quizá sorprendido había comenzado a participar más como padre pero aún le faltaba mucho por aprender.
—No quiero que vayas sola.
—No voy sola.
Victoria miró hacia Adrián y Ernesto siguió la dirección de sus ojos antes de aceptar finalmente la respuesta.
—Está bien.
Aun así, Victoria percibió que su padre hizo un esfuerzo consciente por contenerse, y ese gesto pequeño le confirmó que el cambio no consistía en dejar de preocuparse, sino en aprender a no convertir cada preocupación en una decisión ajena otra vez.
Victoria ya estaba por marcharse cuando su padre añadió:
—No estoy acostumbrado a hacer esto correctamente.
Ella se volvió.
—Yo tampoco estoy acostumbrada a que lo intentes.
Ernesto sonrió apenas, aunque la emoción en sus ojos resultaba evidente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....