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De esposa sustituta a la obsesión del CEO romance Capítulo 347

Al entrar en el automóvil enviado por el hotel, Adrián llamó a Victoria.

Ella respondió antes de que terminara el primer tono.

—¿Dónde estás?

La mezcla de enojo y alivio en su voz aumentó la culpa que Adrián había intentado ahogar durante horas.

—Voy hacia la mansión.

—Llevo toda la tarde llamándote.

Adrián miró las notificaciones acumuladas en la pantalla.

—Fui un tonto.

—Eso ya lo sé. Necesito saber qué hiciste.

El conductor mantuvo la mirada en el camino, fingiendo no escuchar. Adrián apoyó la cabeza contra el asiento mientras buscaba una forma de explicar el desorden que había provocado.

—Salí de terapia, fui a la empresa y después terminé en un bar.

—¿Estás conduciendo?

—No. Pedí un automóvil con conductor.

Victoria guardó silencio unos segundos.

—¿Cuánto bebiste?

—Demasiado.

—¿Por qué?

—Porque no sabía cómo volver sin intentar convencerte de terminar el embarazo.

La confesión produjo otro silencio, aunque Victoria no cortó la llamada.

—¿Y ahora ya sabes cómo hacerlo?

—No, pero sé que huir, emborracharme y amenazar a un empleado no me convirtió en alguien capaz de protegerte.

—¿Amenazaste a alguien?

—El encargado quiso dejar de servirme y utilicé mi estatus para obligarlo a continuar.

—Adrián...

—No estoy orgulloso. Te estoy contando lo ocurrido porque seguir ocultándolo sería repetir exactamente lo que me llevó hasta allí.

Victoria respiró con cuidado. Deseaba reclamarle por desaparecer, pero reconocía el esfuerzo que le costaba admitir una conducta que atacaba la imagen construida durante toda su vida.

—Te amo —dijo—, pero no puedo vivir vigilando cuándo tu miedo se convertirá en una decisión tomada por mí.

—Lo sé.

—Quiero casarme contigo y criar a nuestros hijos a tu lado, aunque necesito un compañero, no un hombre que crea ser dueño de mi cuerpo porque teme perderme.

—No quiero ser ese hombre.

—Entonces tendrás que demostrarlo cuando tengas miedo, no solamente ahora que estás arrepentido.

Adrián cerró los ojos. Victoria no disminuía lo sucedido ni utilizaba su vulnerabilidad para castigarlo; lo obligaba a reconocer que el amor no reparaba por sí mismo las conductas que podían destruirlos.

—Regresaré a terapia —declaró—. También hablaré contigo antes de consultar nuevamente a cualquier médico y no modificaré tus actividades sin preguntarte.

—No necesito que enumeres compromisos para tranquilizarme. Necesito que los cumplas.

—Lo haré.

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