La respuesta consiguió que Adrián levantara el rostro. Hasta ese momento podía fingir que conversaba con un empresario entrometido que había reconocido su nombre, pero aquellas palabras no parecían referirse únicamente al estado de Victoria, sino a una amenaza que el desconocido deseaba que comprendiera.
—¿Qué quieres decir?
El hombre abandonó el asiento y avanzó lo suficiente para que la columna dejara de ocultarlo. El alcohol demoró unos segundos en permitir que Adrián relacionara el rostro con la voz, aunque el acento terminó por ordenar el recuerdo.
—Tú —murmuró.
—Parece decepcionado, señor Montenegro.
Adrián lo había visto después de que comenzaron las investigaciones contra Daniel, cuando el hombre defendió públicamente a su hijo y acusó a los Montenegro de perseguirlo por una rivalidad empresarial. También estuvo presente cuando las autoridades detuvieron a varios colaboradores, pero después de la muerte de Daniel desapareció sin participar en las declaraciones posteriores.
—¿Me seguiste hasta aquí?
—No habría sido necesario. Los hombres como usted siempre acuden a los mismos lugares cuando necesitan recordar cuánto poder poseen a pesar de que no pueden hacer nada para salvar a la mujer que aman. Hay enfermedades que ni siquiera el dinero puede curar.
Adrián intentó ponerse de pie, pero el encargado se acercó al notar el movimiento. La cantidad de alcohol consumida le impedía sostenerse con la autoridad que habría deseado.
—¿Todo está bien, señor Montenegro?
—Regresa a tu trabajo.
El empleado obedeció después de mirar al padre de Daniel, quien ocupó el asiento más cercano sin pedir autorización.
—Mi hijo también creía que podía controlar cualquier situación —comentó—. Supongo que aprendió eso de los hombres que lo rodeaban.
—Daniel secuestró a Fernanda, asesinó a Marcos y apuntó contra Victoria. No intentes convertirlo en una víctima.
—No he dicho que fuera inocente.
—Entonces deja de hablar como si nosotros lo hubiéramos obligado a convertirse en un criminal.
El hombre giró lentamente el vaso entre sus dedos.
—Daniel cometió errores y terminó pagando por ellos, aunque nadie quiso comprender en qué se convirtió después de que la mujer a quien amaba lo despreciara.
—Victoria jamás le dio razones para creer que lo amaba.
—Le permitió permanecer cerca cuando necesitó ayuda, aceptó sus cuidados y después volvió con usted. Quizá por eso Dios la esta castigando y su salud vuelve a estar en riesgo.
—Eso no le concedía ningún derecho sobre ella.
—Resulta curioso escucharlo decir eso después de confesar que no sabe cómo regresar a casa sin obligarla a hacer lo que usted quiere.
La comparación hizo que Adrián cerrara una mano sobre la barra.
—No vuelvas a compararme con tu hijo.
—Daniel tampoco aceptaba que lo compararan con los hombres que despreciaba. Siempre encontraba una diferencia capaz de presentarlo como alguien mejor.
Adrián lo observó con creciente desconfianza. Aquel encuentro no había sido casual y las preguntas del hombre estaban orientadas hacia información que difícilmente podía conocer solamente mediante las noticias.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa sustituta a la obsesión del CEO
Hola...
Porque sale que son gratis y los cobran de todas maneras...
Si cobran por las novelas, aunque el precio sea menor que las otras apps, mínimo deberían estar los diálogos completos, se salta partes importantes de la conversación en todos los capítulos, deberían revisar eso....