Una enfermera con mascarilla salió con unos papeles en la mano y llamó en voz alta:
—¿Familiares de la niña Renata Ibarra? La niña ha tenido convulsiones febriles, necesita ser hospitalizada inmediatamente. También debemos hacerle una tomografía cerebral para descartar complicaciones. Por favor, que un familiar venga a firmar.
El aire se congeló al instante.
Amaya se quedó parada, tan pálida como el papel. Al escuchar las palabras convulsiones febriles, su cuerpo se tambaleó bruscamente y la vista se le nubló, a punto de desplomarse.
Por suerte, Romeo, que estaba a su lado, la sostuvo firmemente al notar que algo andaba mal.
En ese momento crucial, Diego dio un paso adelante por instinto y arrebató el documento a la enfermera:
—Soy el padre de la niña, yo firmo.
—¡Por favor, dígale al doctor que soy Diego Muñoz, presidente del Grupo Muñoz! ¡Que le haga a mi hija los exámenes más completos y le dé el mejor tratamiento con los mejores medicamentos!
—¡Yo cubriré todos los gastos! ¡Si necesita quedarse internada, denle la mejor habitación disponible!
Mientras decía esto rápidamente, Diego firmaba con su nombre en el papel.
Aunque no podía controlar a Amaya, en el instante en que dijo en voz alta que era el padre de la niña, se dio cuenta de algo:
La ley y la moral le daban el derecho de decidir sobre la vida, la enfermedad y la salud de su hija.
Y mientras siguiera siendo su padre biológico, ese derecho no se lo podía quitar nadie, ni siquiera la ley.
Al darse cuenta de eso, Diego sintió mucha más confianza.
—¡Diego!
Amaya no pudo aguantar más, la ira inundó sus ojos y dio un paso adelante para arrebatarle el papel:
—¿De qué estás presumiendo? ¡Renata se apellida Ibarra, es de nuestra familia, no necesitamos tu falsa bondad!
—¡Amaya!
Diego esquivó su movimiento, agarrando el papel con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos:
—¡Soy el padre biológico de Reni! ¡Tanto legalmente como por lazos de sangre, tengo derecho a firmar esto!
—He decidido que, a partir de hoy, reclamaré todos mis derechos sobre nuestra hija. ¡No volveré a dejarte tomar todas las decisiones!

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