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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 290

Romeo no dijo más.

Diego se quedó pasmado un rato y luego volvió a sentarse. Empezó a tomarse su tercer vaso de whisky.

Esta vez, bebió muy despacio. Su mente se llenó de un montón de recuerdos viejos sobre él y Amaya.

En el pasado, se sentía tan imponente y seguro frente a ella. Siempre tenía la última palabra. Como le llevaba unos años y tenía experiencia en los negocios, creía que su papel era ser el fuerte, enseñarle cómo funcionaba el mundo y darle grandes lecciones de vida.

Cuando recién empezaron a salir, Amaya era delgadita, usaba el pelo corto y le daba la impresión de ser una niña que no sabía nada de la vida.

Por eso, la trataba casi como un padre, regañándola y dándole sermones, pero al mismo tiempo dándole cariño y ternura.

Le encantaba acariciarle el pelo, abrazarla cuando la regañaba y la dejaba a punto de llorar, para luego consolarla y tenerla a sus pies.

Le gustaba ver cómo lo miraba con admiración, abrazarla mientras le presumía sus logros en el trabajo y decirle que debía aprender de él.

Amaya alguna vez lo vio como su luz y su modelo a seguir. Él, en cambio, se había dedicado a aplastar su autoestima, de manera consciente o inconsciente, para moldearla como una mujercita obediente, comprensiva e independiente a la vez.

Había visto cómo ella progresaba en el diseño, pasando de ser asistente a diseñadora independiente, hasta llegar a liderar todo un equipo... Sabía que era talentosa, pero, en el fondo, creía que ella había logrado todo eso gracias a él.

Pensaba que sin él, Amaya no era nadie.

Todavía se acordaba del día en que aprobaron y premiaron el diseño de Amaya para el Edificio Horizonte. Ese día, la abrazó, lleno de orgullo:

—Ya ves, gracias a que te estuve guiando estos cinco años, lograste este resultado. ¿Estás feliz?

Esa fue la primera vez en cinco años que Amaya le contestó:

—Logré esto porque me partí la espalda trabajando. Sé que los sueños se alcanzan esforzándose poco a poco, no gracias a tus lecciones. De hecho, muchas veces tus consejos solo me causaban presión y estrés. Siento que mi vida no debería depender de ti para todo, pero...

Había sido la primera vez que Amaya intentó expresarle lo que realmente sentía. Todavía recordaba cómo se le había puesto la cara roja y el brillo en sus ojos llenos de vida.

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