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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 99

Zoa sabía que estaba siendo un poco descarada.

Pero entre ella y Rio no había absolutamente ningún vínculo que los uniera.

Temía que, cuando llegara el momento de enfrentarse a Cristian por el divorcio y todo explotara, Rio decidiera no ayudarla.

Si iba a buscar un salvavidas, tenía que aferrarse a él con uñas y dientes.

Durante un largo rato, el único sonido en la oscuridad fue el de sus respiraciones mezclándose en el espacio reducido.

Zoa intentaba controlar su aliento, pero sentía las mejillas ardiendo como si estuvieran en llamas.

Justo cuando pensaba que él la iba a rechazar, Rio extendió las manos.

—¿Qué brazo te duele?

—...

Zoa parpadeó sorprendida e, instintivamente, acercó su rostro para observar los ojos vendados de él.

El pañuelo cubría todo perfectamente, ¿cómo era posible que adivinara lo que le pasaba?

—Zoa —llamó Rio de repente, y el aliento cálido de su voz acarició el rostro de ella.

En ese instante, se dio cuenta de lo cerca que estaba.

Tan cerca que, si él bajara un poco más la cabeza, podría besarla.

Presa del pánico, apartó el rostro rápidamente, sin notar cómo las venas del cuello de Rio se marcaban con fuerza por la contención.

Zoa tartamudeó de inmediato:

—El de... el derecho. Me lo entumecí con la caída.

—Entiendo.

Rio palpó la tela de la bata, encontró la manga izquierda y se la ofreció para que metiera el brazo primero, de modo que pudiera cubrirse el frente con el resto de la tela.

Pero en cuanto al brazo derecho...

Preguntó con voz grave:

—¿No puedes levantarlo ni un poco?

Zoa lo intentó y descubrió que... ¡sí podía moverlo!

Sin embargo, era una oportunidad dorada. Si no la aprovechaba, sería un completo desperdicio de toda esa tensión que se había formado en el aire.

Así que dejó caer el brazo sin fuerza y respondió con voz suave y lastimera:

—No, no puedo.

En la penumbra, frente a ella, los labios de Rio esbozaron una levísima curva que pasó totalmente desapercibida.

Murmuró con suavidad:

—Intentaré no tocarte.

—Mhm.

¿Mhm de qué?

Si no la tocaba, ¿cómo iba a crear esa conexión que tanto necesitaba?

Zoa sintió la mano de Rio pasar por detrás de su espalda para acomodarle la bata.

Su cuerpo se acercó aún más a ella.

Estaba tan cerca que casi la estaba envolviendo en un abrazo.

Pero el control de él era absoluto; a pesar del reducido espacio, no llegó a rozar su piel.

Zoa apretó los labios, cerró los ojos y soltó un pequeño grito ahogado.

—¡Ay, ¿qué fue eso?!

Capítulo 99 1

Capítulo 99 2

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