Javier empezó a inventar tonterías con la cara más seria del mundo.
—Dijo que tiene la tensión muy alta. Que si logra aliviar un poco esa tensión, se pondrá bien.
—Entendido. Ya sé qué hacer.
—... —Rio frunció el ceño.
—...
Javier casi se atraganta con su propia saliva.
¿Acaso ella se estaba escuchando a sí misma?
...
En el hospital.
Cristian Quintero, sentado en su silla de ruedas, revisó su celular por tercera vez.
Normalmente, sin importar lo que le escribiera, Zoa siempre respondía al instante.
Pero esta vez lo había dejado en visto.
Estaba a punto de llamarla cuando Isabella Serna levantó la mano para detenerlo.
—Cristian, mi hermano despertó.
Cristian dudó un segundo, pero terminó guardando el teléfono.
—¿Cómo está?
—Mucho mejor —respondió Santiago Serna mientras intentaba incorporarse en la cama. Seguía bastante pálido—. Cristian, me enteré de lo que pasó con Gaspar Ortega. Menos mal que actuaste rápido. Si no, habría empezado a soltar mentiras.
El rostro de Cristian se oscureció.
—Yo no fui quien se encargó de Gaspar.
Santiago se quedó paralizado.
—¿Entonces quién fue?
Cristian no respondió. Una extraña tensión se había apoderado de su mente y no lo dejaba en paz.
Al notar esto, Isabella cambió de tema de inmediato.
—Alguien como Gaspar seguramente tiene muchos enemigos. Es normal que alguien aprovechara la oportunidad para vengarse. Lo importante ahora es que tú estás a salvo, hermano.
Tendría que evitar a toda costa que Cristian siguiera investigando. Si lo hacía, tarde o temprano descubriría que fue ella quien filtró la información personal de Zoa años atrás.
Al escuchar la preocupación de Isabella, Santiago sonrió.
—Isabella, estoy bien. Una cicatriz más no le hace daño a un hombre. Tú concéntrate en tus ensayos de baile, eso es lo que importa.
Isabella asintió, con los ojos llorosos.
Pero no perdió la oportunidad de pisotear a Zoa.
—Santiago, ¿ha venido Zoa a verte? Después de todo, es en parte culpable de lo que te pasó. Al menos debería haberse molestado en venir a preguntar por ti.
El rostro de Santiago se ensombreció.
—No.
—Qué raro. Cuando estaba esperando a Cristian abajo, la vi paseando como si nada. No parecía alguien con una fractura tan grave que le impida bailar.
Isabella fingió estar pensativa y continuó.


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