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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 92

Zoa miró a los dos hombres que alguna vez consideró los más importantes de su vida.

Hace unos momentos, se habían esforzado al máximo por humillarla y ensuciar su nombre.

Y ahora, se esforzaban con la misma intensidad por limpiar el nombre de Isabella.

Supuso que esa era la verdadera diferencia entre ser amada y no serlo.

Bajó la mirada, intentando consolarse con el pensamiento de que, al menos, había logrado esquivar lo peor.

Pero la opresión en su pecho y la injusticia que le quemaba la garganta eran imposibles de controlar.

Su resistencia le pareció patética.

Sintió un nudo amargo en la garganta y, finalmente, su cuerpo no aguantó más y se desvaneció hacia el suelo.

Justo antes de cerrar los ojos, creyó ver una silueta levantándose del sofá.

Sin embargo...

Javier se interpuso rápidamente, bloqueando el paso, y le dirigió una mirada severa al médico.

El doctor se adelantó de inmediato.

—¡¿Qué demonios están haciendo?! ¡Tiene la pierna fracturada! ¿Por qué presionan así a mi paciente?

Se giró hacia Santiago, indignado.

—Usted, como su hermano, está dispuesto a perdonar a un tipo que vende falsificaciones, pero prefiere creer las calumnias de un extraño antes que confiar en su propia hermana.

Luego encaró a Cristian.

—Y usted... Si ella es su esposa, ¿de verdad cree que obligarla a arrodillarse para pedir perdón lo hace lucir bien? ¿Realmente la ve como su esposa?

El médico señaló la puerta con autoridad.

—No me importa quiénes sean ni cuánto poder tengan. Váyanse ahora mismo, mi paciente necesita descansar.

Cada palabra del doctor se clavó como una aguja en el pecho de Santiago y Cristian, dejándoles una extraña sensación de asfixia que no supieron cómo explicar.

El primero en retirarse fue Rio.

Se puso de pie y miró a Cristian desde su imponente altura.

Sus ojos estaban entrecerrados, sin rastro de burla ni de ira, pero cargados de una superioridad aplastante.

—Limpia tu desastre. Y ten más cuidado la próxima vez.

No lo dijo todo, pero dejó claro que lo sabía todo.

Más que un consejo, fue una advertencia directa.

Cristian observó la espalda de Rio alejándose, apretando los reposabrazos de su silla de ruedas hasta que los nudillos le crujieron.

...

Poco después.

Apenas Santiago regresó a su habitación del hospital, Cristian lanzó su interrogatorio.

Capítulo 92 1

Capítulo 92 2

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