Era Santiago.
Qué dedicación la suya, acababa de salir del quirófano y, con la pierna inmovilizada, venía a exigirle cuentas.
A su lado estaba Gaspar Ortega, empujado por su familia en una silla de ruedas. Tenía todo el rostro vendado, dejando solo a la vista los ojos y la boca.
Y detrás de ellos, observando con absoluta frialdad... Cristian Quintero.
De pronto, la espaciosa habitación del hospital se sintió abarrotada, e incluso un poco ridícula.
Tres hombres en silla de ruedas, ¿cómo no iba a ser ridículo?
Pero Zoa no podía dejar que nada de esto se reflejara en su rostro.
Con sus recursos actuales, ni siquiera podía lidiar sola con Gaspar, mucho menos con una alianza entre Santiago y Cristian.
Por suerte, ya se había preparado.
Zoa se aferró a las sábanas, adoptando su habitual actitud asustadiza y sumisa.
Pero sus palabras fueron calculadas para sacar a todos de quicio.
—Me acabo de despertar. No la reconocí y solo me estaba protegiendo.
—¿Te acabas de despertar? Dejaste a tu hermano y al joven Gaspar en este estado, ¿y todavía tienes el descaro de dormir? ¡No tienes ni la más mínima decencia!
El rostro de la señora Serna se contrajo en una mueca de puro asco, y levantó la mano para golpearla de nuevo.
Zoa fijó la vista en la mano que se acercaba e hizo una cuenta regresiva de tres segundos en su mente.
Justo en el momento en que la bofetada iba a aterrizar, Zoa se encogió dramáticamente y gritó, fingiendo terror absoluto.
—¡Auxilio! ¡Ya no voy a dormir! ¡Por favor, no me pegues! ¡No me pegues...!
Apenas soltó el grito, la puerta de la habitación se abrió de nuevo.
El médico bonachón entró a la habitación, y haciéndose a un lado, le cedió el paso a los que venían detrás de él.
Inmediatamente, Javier Navarro y Rio Quintero entraron con paso firme.
Al ver quiénes acababan de entrar, todos en la habitación retrocedieron un par de pasos por instinto.
—Don Rio.
Todos lo saludaron, excepto Cristian.
—Rio, ¿qué casualidad encontrarte aquí de nuevo?
Cristian sonrió con el rostro sombrío, enfatizando la última parte.
—Mucha casualidad.
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