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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 87

Hospital.

En cuanto Zoa fue bajada de la ambulancia, un médico de aspecto bonachón y corpulento se acercó a su camilla.

—Señorita Serna, soy el doctor que envió el doctor Navarro para atenderla. La llevaré a la unidad de traumatología para hacerle unos estudios.

Era el mismo doctor Navarro de sus mensajes.

Pero Zoa se abrazó la pierna y no respondió.

Tenía pánico de que fuera otra trampa.

Al fin y al cabo, ya casi no le quedaba nadie en quien confiar.

Para su sorpresa, el médico se inclinó y bajó la voz:

—El doctor Navarro me contó su situación. Yo me encargaré de que todo salga a su favor.

Zoa se aferró al brazo del médico, llena de gratitud.

—Gracias, doctor.

Inmediatamente después, fue llevada al área de traumatología. Tras una ronda completa de exámenes, le enyesaron la pierna.

El médico no hizo ninguna pregunta indiscreta. Se limitó a cumplir con su deber y le recomendó:

—Descanse mucho estos días.

—Gracias, doctor.

Zoa miró su pierna enyesada, sintiendo por fin un pequeño respiro de alivio.

Fue entonces cuando recordó a Santiago y a Gaspar.

—Doctor, ¿qué pasó con los dos hombres que ingresaron conmigo?

—Gaspar Ortega tiene cortes profundos en la cara y en la cabeza por los adornos de hierro. Como las heridas son graves, aunque se recupere y se someta a cirugía reconstructiva, le quedarán cicatrices. Básicamente, su rostro quedó desfigurado.

El médico hizo una pausa y continuó:

—En cuanto a su hermano, Santiago Serna, sufrió una fractura conminuta en la pantorrilla. Por suerte, lo intervinieron a tiempo y la cirugía fue un éxito. Con el tiempo recuperará la movilidad, pero la rehabilitación será extremadamente dolorosa.

Al escuchar eso, Zoa frunció un poco el ceño, pero en el fondo no sintió absolutamente nada.

Si ella no se hubiera defendido, la que tendría el rostro desfigurado y la pierna destrozada sería ella.

Solo que... lo que venía a continuación sería un dolor de cabeza.

Zoa pensó durante unos segundos y, fingiendo timidez, miró al médico a los ojos.

—Doctor, ¿podría pedirle un último favor?

El médico la miró y, sin siquiera preguntar el motivo, aceptó de inmediato.

—¿De qué se trata?

La rapidez de su respuesta dejó a Zoa un poco desconcertada.

No esperaba tener tanto talento para hacerse la víctima indefensa.

Bueno, no iba a desperdiciar sus habilidades actorales ahora. Se apoyó en la cama y sus ojos se enrojecieron en un instante.

Capítulo 87 1

Capítulo 87 2

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