Santiago se quedó pasmado durante un par de segundos. Su sonrisa se volvió forzada y parecía apresurado por dar una explicación.
—Zoa, ¿qué cosas dices? Ese día Isabella comió tus pastelillos y tuvo una alergia severa. Nuestros padres y yo la acompañamos al médico y regresamos muy tarde.
Zoa en realidad lo había inventado.
Pero al ver la reacción nerviosa de Santiago, se dio cuenta de que había dado en el clavo.
Todo no había sido más que un truco barato de Isabella.
Solo que a nadie le importaban los sentimientos de Zoa, así que nadie consideró necesario que ella supiera la verdad.
Zoa se rio fríamente en su interior, pero su rostro adoptó una expresión de duda que rápidamente se transformó en tristeza.
—Lo siento, lo habré recordado mal. Pero ha pasado tanto tiempo, ¿todavía crees que no merezco comer pastelillos de flores? Entonces mejor me voy a casa.
Dicho esto, Zoa se levantó e hizo el ademán de irse.
Santiago se puso aún más ansioso y rápidamente la tomó del brazo.
—No te puedes ir.
No era un *no te vayas*, era un *no te puedes ir*.
Parecía que Santiago tenía otros motivos ocultos para citarla hoy.
Seguramente tenían que ver con Isabella.
Pero tenía que seguir con la farsa.
Para que su actuación fuera más creíble, Zoa se dio la vuelta sollozando sutilmente.
Como resultado, chocó accidentalmente con alguien.
Levantó la vista.
El hombre no era otro que Javier Navarro, el abogado amigo de Rio Quintero.
Zoa no se atrevió a reconocerlo, pero tenía que seguir en su papel, así que se secó las lágrimas de los ojos mientras se disculpaba.
—Señor, lo siento mucho, pase usted primero.
Javier los observó a los dos por un segundo, con el rostro inexpresivo.
—Mm.
Luego subió directamente las escaleras y se fue.
Zoa suspiró aliviada, pensando que tal vez él ni siquiera la había reconocido.
Mientras pensaba en esto, Santiago ya la había jalado nuevamente.
—Zoa, no te enojes. Hoy te llevaré al área VIP del piso de arriba, podrás comer todos los pastelillos de flores que quieras.
—¿De verdad? Pero las mesas ahí cuestan un dineral por persona, ¿no será un gasto excesivo?
¡Su faceta de mujer ingenua e inocente se había activado!
La actitud obediente y fácil de complacer de Zoa hizo que Santiago bajara la guardia al instante.


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