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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 82

Había un gesto en el que las dos hermanas se parecían mucho.

Al llorar, a ambas les gustaba morderse el labio inferior, pero Zoa nunca dejaría que las lágrimas cayeran una tras otra como lo hacía Isabella.

Ella siempre se esforzaba por contenerlas.

Y ahora, estaba tan terca que ni siquiera estaba dispuesta a suplicar clemencia.

Al recordar la expresión desafiante de Zoa y esa mirada sutil pero constante que ella le dirigía, Cristian frunció el ceño, con los ojos helados.

Le levantó el rostro a Isabella y le secó las lágrimas.

—Entonces hagamos que sea como tú.

Dicho esto, miró a Santiago.

Santiago asintió:

—Isabella, tu hermano nunca permitirá que ella te supere. En un momento te traeré el traje de baile que nuestros padres te mandaron a hacer a medida en Francia.

Isabella sonrió a través de las lágrimas.

¿Con qué iba a competir Zoa contra ella?

...

Mansión de la familia Quintero.

Cristian no volvió anoche. Dijo que su reunión de negocios había terminado muy tarde y se quedó directamente en un hotel.

Zoa ni siquiera se molestó en preguntar. A primera hora de la mañana, se dirigió al salón a practicar sus rutinas de baile.

Mientras estiraba, miraba su teléfono.

Notó que en solo una noche, las tendencias de búsqueda sobre el Rito de los Ancestros de la familia Quintero y el evento benéfico seguían subiendo.

Pero, curiosamente, la atención mediática sobre Rio había disminuido bastante.

¡Incluso la persona que más aparecía en las fotos del evento benéfico resultó ser Cristian!

Parecía que alguien estaba suprimiendo deliberadamente la popularidad de Rio.

Zoa no pudo evitar buscar aquella espectacular foto de Rio, pero descubrió que la imagen original había desaparecido.

Solo quedaban capturas republicadas quién sabe cuántas veces, donde su rostro ya se veía borroso.

Eligió una y la guardó directamente en su teléfono.

Un momento.

¿Por qué la estaba guardando?

*Que sirva como un talismán para ahuyentar a los malos espíritus*, pensó.

Con suerte, la ayudaría a mantener alejado al peor demonio de todos: Cristian.

Mientras se consolaba mentalmente, apareció un mensaje en su pantalla.

Era de Santiago Serna.

*Zoa, a las doce del mediodía. En el lugar de siempre.*

¿A las doce?

Capítulo 82 1

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