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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 75

Un sonido seco resonó en la habitación. El brutal impacto giró el rostro de Zoa violentamente.

Quedó paralizada, sin poder siquiera respirar durante unos segundos.

Los cabellos se le pegaron a la mejilla, que ahora ardía con un dolor agudo y punzante.

Las miradas de satisfacción y burla de los familiares a su alrededor se clavaron en ella como cuchillos.

Cristian sacó un pañuelo de su bolsillo y se limpió la palma de la mano con asco, hablando con una superioridad enfermiza.

—Eres mi esposa. Disciplinarte cuando no respetas las reglas es mi deber.

Luego, paseó su fría mirada por el lugar.

—Rio, ¿no crees que ya es hora de dar la cara? Usar a una mujer como escudo es patético e indigno del segundo joven maestro de los Quintero.

Leonora no perdió la oportunidad para echar más leña al fuego.

—Rio, estoy segura de que no fue tu intención. Seguramente esta mujerzuela te sedujo. Aprovecha que todos los ancianos de la familia están presentes, sal, admite tu error y te perdonaremos.

Mientras hablaba, hizo una seña a dos de sus parientes, quienes se separaron para rodear estratégicamente las estanterías de libros.

Cristian se reclinó en su silla de ruedas, mirando a Zoa con profundo desprecio.

—Rio, si sales ahora, podemos resolver esto como familia. ¿Por qué obligarme a humillarte?

Cuando las palabras de Cristian terminaron de hacer eco, Leonora y los demás llegaron a la parte trasera de las estanterías. No había absolutamente nadie.

Uno de los tíos mayores de la familia, visiblemente irritado, levantó la voz.

—¡¿Acaso olvidaron que estamos en un recinto sagrado?! ¡¿Nos hicieron caminar hasta aquí en la madrugada solo para este teatro?!

Leonora abrió los ojos desmesuradamente.

—¡Imposible! ¡Yo estaba segura de que...!

Al darse cuenta de que casi confiesa su propio complot, cerró la boca de golpe.

Zoa tomó aire y, con voz firme, la confrontó.

—¿Segura de qué, señora Quintero?

Leonora la fulminó con la mirada. De pronto, vio de reojo las páginas que Zoa había estado copiando en el escritorio y sonrió triunfante.

—¡¿Todavía tienes el descaro de negarlo?! Estos son los libros privados de Rio. Él jamás deja que nadie los toque. ¡Ustedes dos se estaban revolcando aquí a escondidas!

Zoa frunció el ceño, confundida.

—Señora, ¿no son estos los textos que usted me ordenó buscar?

Leonora dio un paso rápido, tomó el libro de la mesa y señaló con su dedo acrílico un sello rojo en la esquina de la página.

—¡Este es el sello personal de Rio! ¡Él tuvo que entregártelo directamente! ¡Les juro que está escondido en algún lado!

—...

Zoa se quedó mirando el sello en silencio, mordiéndose el labio.

Ahora entendía perfectamente por qué Rio le había dicho que, aunque escapara, nadie le creería.

Leonora tenía un plan B impecable. Incluso si Zoa solo entregaba el libro, usarían el sello personal de Rio para inventar el escándalo.

Pero... ¿cuál era la estrategia de Rio al pedirle que se quedara sentada copiando?

Capítulo 75 1

Capítulo 75 2

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