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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 50

Tal vez era solo una coincidencia, pero era la primera vez en su vida que alguien le servía comida en su plato.

En su antigua casa, si se atrevía a servirse una porción extra, sus padres la reprendían por no tener educación.

*«¿Acaso en la casa no hay comida? ¡Isabella no ha comido, y tú tragando como un cerdo!»*

Durante mucho tiempo, no lograba entender cómo una madre podía decirle cosas tan crueles a su propia hija.

Con el tiempo, simplemente dejó de buscar una respuesta.

Zoa bajó la mirada, tomó el trozo de omelette y susurró:

—Gracias.

Sin embargo, no llegó a probar el primer bocado que alguien le había ofrecido con amabilidad.

Porque en ese preciso instante, entró una llamada de Cristian.

Por miedo a levantar sospechas, Zoa contestó de inmediato.

El tono imperativo de Cristian traspasó el auricular.

—Entrégame mis medicinas de inmediato en la dirección que te acabo de mandar.

—Pero yo...

*Tut, tut, tut.*

Cristian colgó sin darle oportunidad de negarse.

Zoa revisó el mensaje con la dirección y se levantó despacio.

—Rio, Cristian olvidó su medicina. Tengo que ir a llevársela.

—Mjm —asintió el hombre, con el rostro inexpresivo, como si la situación no tuviera nada que ver con él.

Zoa dio media vuelta, pero tras dar un par de pasos, regresó.

—Rio, Cristian me mandó a un lugar donde nunca he estado. ¿Podrías revisar la dirección por mí?

Por temor a que se negara, le plantó la pantalla del celular casi en la cara.

Rio habló con frialdad.

—El chofer te llevará.

—Ah, es cierto, lo había olvidado. Entonces me retiro.

Zoa apretó los labios y salió de la casa.

Una vez que se fue, Mateo se acercó con el ceño fruncido.

Capítulo 50 1

Capítulo 50 2

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