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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 46

Rio extendió la mano para inmovilizar los brazos de Zoa, pero ella le dio un fuerte rasguño.

—Don Rio, ¿se encuentra bien? Mejor déjemelo a mí, yo tengo más fuerza... —se ofreció Mateo.

—Estoy bien.

Dos palabras salieron fríamente de los labios del hombre mientras, por instinto, bloqueaba otro movimiento de ella.

Mateo se sorprendió un poco, pero retrocedió en silencio.

Al segundo siguiente, las manos de Zoa quedaron atrapadas con firmeza, y sintió una respiración cálida muy cerca de su oreja.

—Respira.

Al inhalar, la invadió ese profundo y embriagador aroma a sándalo y madera de agar.

Parecía estar muy, muy cerca...

Con los ojos cerrados, sus largas pestañas temblaron, y llamó por puro instinto.

—Rio —murmuró.

Fue un susurro ligerísimo, casi como si se lo estuviera diciendo a sí misma.

Pero, unos segundos después, escuchó una suave respuesta.

—Sí.

Zoa dejó de forcejear y se sumió en un sueño profundo y tranquilo.

Esta vez no tuvo pesadillas, e incluso sintió una agradable frescura en las manos.

Durmió sin interrupciones durante tres largas horas.

Cuando despertó, el sol brillaba con fuerza, filtrándose por las ramas de los árboles y proyectando un halo dorado que caía exactamente sobre el hombre junto a la ventana.

Él sostenía su rosario con los ojos plácidamente cerrados.

Hasta sus pestañas parecían irradiar luz.

Como si hubiera notado que lo observaban, Rio abrió los ojos lentamente, encontrándose directo con la mirada de Zoa.

En ese instante, sus ojos oscuros, iluminados por reflejos dorados, transmitían una distancia inalcanzable.

Frotó una cuenta del rosario con el pulgar y habló con tono neutro.

—Llévate lo que está en la mesa.

Zoa bajó la vista y vio un sobre abultado.

Lo tomó, palpó el interior y su rostro se iluminó de inmediato.

¡Una llave!

¡La llave del almacén!

Se levantó a toda prisa.

—Gracias, Rio.

¡Quién decía que los pozos de los deseos no funcionaban!

—Bueno, no te quito más tiempo, nos vemos —añadió rápidamente.

Y con eso, salió corriendo de la casa.

Casi se estrella de frente contra Mateo.

Mateo echó un vistazo al sobre que llevaba en la mano.

Capítulo 46 1

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