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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 44

Mencionar a Don Claudio en ese momento tenía un propósito muy claro.

Era una forma de recordarle a Zoa cuál era su lugar.

Al ver cómo Zoa apretaba los labios para soportar el dolor, Doña Leonora ralentizó aún más sus movimientos.

—Zoa, tú no te uniste a la familia Quintero para ser una gran señora, sino para expiar tus pecados. Así que deja de avergonzarnos con esos trucos de mosquita muerta que aprendiste en la calle.

Evidentemente, alguien había ido con el chisme.

En el pasado, Doña Leonora ni siquiera soportaba a Isabella.

Si no fuera porque Cristian estaba encaprichado y porque Isabella terminó embarazada, jamás habría aceptado el compromiso.

Mucho menos aceptaría a Zoa.

Zoa bajó la mirada hacia el caldo, pero lo que vio reflejado en la superficie fue su propio rostro demacrado, tal como lucía en sus pesadillas.

Incluso estando embarazada, Doña Leonora le hacía la vida imposible.

Zoa esbozó una ligera sonrisa y, al levantar la vista, sus ojos reflejaban pura debilidad e impotencia.

—Doña Leonora, no me siento muy bien. ¿Le importa si dejo el tazón en la mesa?

—¡Ni te atrevas! ¡Te digo un par de verdades y ya quieres desobedecer a tus mayores! —gritó Doña Leonora furiosa.

—Este tazón se lo regaló Don Claudio como símbolo de prosperidad. Estoy enferma, y si por accidente lo dejo caer, sería de muy mal agüero. Además, temo contagiarla.

—¡Puras excusas! ¡Sostén ese tazón! ¡Quiero ver si te atreves a tirarlo!

Por supuesto que...

No se atrevería.

Pero eso no significaba que no pudiera hacer otra cosa.

Zoa se presionó el estómago con fuerza usando el borde del tazón y, acto seguido, hizo una fuerte arcada directamente hacia Doña Leonora.

—Doña Leonora, de verdad me siento mal, yo... ¡urg!, no aguanto más, tome el tazón rápido, no vaya a caerse.

Fingiendo no poder contenerse, Zoa le encajó el hirviente tazón de porcelana directamente en las manos a su suegra.

Y entonces, vomitó sin piedad sobre Doña Leonora y el exclusivo caldo.

Doña Leonora se quedó congelada un segundo antes de soltar un alarido desgarrador.

—¡Ah! ¡Qué asco! ¡Ah! ¡Quema, quema!

*¡Crash!*

Fue la propia Doña Leonora quien estrelló el tazón antiguo contra el suelo, mientras daba saltos desesperados.

—¡Lárgate, lárgate de aquí ahora mismo!

—Sí, Doña Leonora.

Capítulo 44 1

Capítulo 44 2

Capítulo 44 3

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