Zoa regresó a su habitación sintiéndose vacía por dentro. Desbloqueó el teléfono, lista para ver hasta qué punto se había salido de control el escándalo en internet.
Pensaba que su bandeja de mensajes estaría explotando de insultos.
Para su sorpresa, al abrir la aplicación, solo había un par de mensajes sueltos.
Incluso la infame foto de ella haciéndose la ecografía había desaparecido de todos lados.
¿Cristian la había mandado a borrar?
Seguro le preocupaba que el chisme de verdad manchara su participación en el Rito de los Ancestros.
Zoa apenas iba a soltar un suspiro de alivio cuando un nuevo video en tendencia saltó en su pantalla.
El título decía: «¿Cómo es posible no odiar a Zoa Serna?».
Era el video de la cámara de seguridad del brutal accidente de Cristian e Isabella.
Se veía cómo ambos autos iban uno detrás del otro, en lo que parecía una persecución.
Al llegar a la intersección, un camión de carga se estrelló contra ellos a toda velocidad.
El auto de Isabella salió volando hacia la maleza y de inmediato estalló en llamas.
El auto de Cristian se estrelló contra un letrero de tránsito. Se le vio salir arrastrándose del vehículo, bañado en sangre.
Luego, empezó a arrastrarse desesperadamente hacia el auto de Isabella.
En ese exacto momento, Zoa y sus padres llegaron a la escena.
En el video, Zoa pareció escuchar un ruido extraño proviniendo del auto en llamas. Por instinto, empujó a sus padres hacia atrás y se abalanzó para detener a Cristian, impidiéndole avanzar.
Y justo en el siguiente segundo, el auto de Isabella explotó por completo.
—¡Isabella!
El video se cortó de tajo, justo con el grito desgarrador de Cristian.
En cuestión de minutos, todas las noticias sobre si la familia Quintero estaba creando polémica a propósito quedaron en el olvido.
Y gracias a ese video, Cristian pasó de ser el centro de las burlas a recibir toda la simpatía y compasión del público como la pobre víctima.
La furia colectiva cayó como un mazo sobre Zoa.
Las despiadadas palabras del internet la hundieron como un tsunami.
«Fíjense bien en el segundo cincuenta y seis, es obvio que ella empuja a sus papás a un lado a propósito y luego bloquea a Cristian para que no pueda ir a salvar a su hermana.»
«Si le bajan el ruido de fondo, juro que se puede escuchar a la hermana gritando por ayuda. Estar embarazada y morir quemada viva... Dios, qué horror.»
«Miren la nota. Resulta que el chofer del camión tenía cáncer terminal, y dicen que antes de morir gritó el nombre de Zoa Serna. ¡Demasiada casualidad! ¡Tienen que investigar a esa asesina!»
«¡Es una asesina! ¡Debería pagar con su vida!»
Zoa se quedó pálida como un fantasma. Estuvo en shock por un momento, y luego, con las manos temblando, abrió la sección de comentarios.
¡Es una mentira!

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